Tan sólo mirarte a los ojos

¿Y qué si miro tus ojos? ¿Y qué si tan sólo lo hago para huir momentáneamente de este mundo? ¿Y qué si suspiro, si callo, si olvido…? No puedes evitar mi mirada, la mantengo alejada pero fija, ¿y qué si te digo que no voltearé?

Ya no importa mucho si desvías tus pupilas, no importa más si bajas los párpados, dentro obtuve el objetivo deseado: mirarte, tan sólo eso, mirarte a los ojos. Da más si después de eso te pones nervioso, si tu piel se sonroja, no importa en demasía que comiences a tartamudear, que no halles principio ni final de la situación.

Tan sólo quiero mirarte a los ojos, a ese sitio que dicen son la ventana del corazón, no sé, de tu corazón no hallo mucho, pero al menos veo mi rostro reflejado en esas pupilas tuyas, me veo tan pequeña y a la vez tan dominante, ¿y qué si digo que no bajaré la mirada? ¿Y qué si te propongo una competencia para ver quién parpadea primero? Tú no parpadearás porque no te gusta perder y a la vez porque quieres ver el efecto de tus ojos en los míos, tienes ganas de verse asomar una sonrisa que con mi débil voluntad se convertirá en una carcajada.

Quiero tan sólo mirar tus ojos, tan sólo eso. Comprender en mensaje pupilesco por qué te fuiste, a dónde irás y si volverás. Hallar en ese color café oscuro la razón de tu ausencia y de mi desesperación, ¡quiero mirarte a los ojos!, ¿y qué si te digo que no te he olvidado? ¿y qué si me pongo a llorar? Los míos no encuentran tan fácil tu mirada en los millones que se proyectan diario. Tan sólo mirarlos… tan sólo recordarles.

Tan sólo mirar… ver… ver tus ojos, pero aún cuando levanto los párpados, aunque tus ojos estaban intactos, la luz me permite apreciar que se han desvanecido.

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