La vida de un primer beso

No vivió mucho tiempo, si acaso menos de un minuto, quizá unos cuarenta segundos, tal vez menos, no pudo vivir para contarlo, el desvanecimiento le vino de pronto, sin que él lo pensase, ni siquiera creyó existir, no hasta que sintió que tomaba forma, que tenía fuerza y que su propia vida era, quizá, lo más hermoso que pudiese existir en este mundo.

Nació desde una idea, de una inspiración que se fue madurando en el pensamiento, que parecía una locura, pero a la vez algo completamente realizable, ¿por qué no?, esa era la cuestión, ¿por qué no existir?, entonces sintió que podía ser más que un pensamiento y comenzó a jalar de la mano a las neuronas, pasaba al lado de ellas y les susurraba: vamos, ¿por qué no?, ¡vamos!

Y entonces ellas le siguieron creando una maraña confusa de imágenes, y lograron salirse de la cabeza y convertirse en palabras, en palabras muy suaves, él jamás hubiera esperado convertirse en una de ellas, pero ahí estaba, fragmentándose en frases, en sonidos que le agradaban, iba y venía por el viento y pudo sentir la brisa suave de la realidad tan extraña, percibió los labios cercanos que se ponían contentos al sentir su sonido.

Se columpiaba en la atmósfera y eso lo gustaba demasiado, podía ser lo que él quisiera en cualquier momento, quizá convertirse de pronto en un simple estornudo y echar por la borda toda la valentía de haberse safado de la mente, quizá podía convertirse en melodía y saludar la musicalidad del ambiente, por un momento pensó también en pasar al silencio, ocultarse en él y no realizar en ese momento su sueño de ser lo que planeaba.

La idea del silencio lo embargó, por un momento creyó ver los oscuros ojos de ese sujeto, que, según hablaban dentro del cerebro, era un sabio muy extraño, bueno y malo, amigo y enemigo, pero al fin de cuentas, un sabio. Notó que éste lo miraba fijamente, estaba siendo hipnotizado, ¿se quedaría en él? ¿se fundiría en él? ¿pasaría a formar parte de él y entonces dejar de ser palabra y convertirse en nada y a lo mejor, volver a ser pensamiento? No quería eso, pero ya estaba demasiado lejos del viento, ya no podía pensar en ser nota o estornudo, quizá todo terminaría allí…

¿Pasa algo?, esas palabras pasaron a tomarlo de su cuerpo y lo empujaron al exterior, alejándolo del silencio y tomando la forma de un: No pasa nada. Entonces conoció a las palabras de los labios cercanos, que también eran muy suaves y divertidas, cuando se cruzaban en el aire aprovechaban la situación para rozarse con sonidos, eso les causaba cosquillas y se convertían inevitablemente en una sonrisa.

Él quería existir ya, él quería realizar su sueño, vivir de alguna manera, comprender para qué salió de la mente y para qué iba a morir. Claro que, si conseguía lo que planeaba pudiera resultar que él no sería la única idea que se animara a salir de la cabeza, y entonces otras ideas seguirían su ejemplo y habría una revolución en el cerebro. Él tenía que hacerlo, tenía que hacerlo ya…

Y en el aire, cuando las palabras de los otros labios se cruzaron con él, no las dejó pasar, las abrazó de pronto, y ellas también lo abrazaron, sorprendidas de lo que estaba pasando, y se dejaron columpiar por el viento, por el tiempo, por la vida, por la realidad, se dejaron llevar y entonces él sintió que dejó de ser palabra, que se volvía lo que tanto quería, ¡un beso!, ¡el primer beso con esos labios!

Tomó forma, tomó fuerza, por un momento pudo sentir plenamente la unión de esas dos personas que tanto se querían, todo daba vueltas, todo era tan increíblemente extraño, su cuerpo comenzó a mezclarse con el ambiente, y pudo ver los sentimientos, que, según decían en el cerebro, era muy difícil que las ideas alguna vez pudieran mezclarse tal cual con los sentimientos, pero él notó que se asían de su cuerpo, que se volvían uno solo, y eso lo hizo casi gritar de alegría, ahí estaba, ¡existiendo!

Y vio realizado su sueño, ese de ser el primer beso con aquella persona a la que tanto soñaba el cerebro y de la que tanto hablaba el corazón, se sintió muy feliz, pero entonces notó que la muerte le llegaba, no sabía si existían las segundas vidas, pero le alegraba ser el primero de todos, le alegraba haber demostrado a las palabras que se podía confiar en él, el desvanecimiento le estaba llegando… se iba… los labios se estaban separando… pero vivió. Vivió el primer beso y logró anidar en el cerebro un recuerdo tan invaluable imposible de olvidar.

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