Mis poderes mágicos

“…resulta extraño reencontrarse con la gente del pasado, siento que duele el pasado, aunque no entiendo muy bien por qué… de verdad que no lo entiendo.”

[escrito por Abril G. Karera el 07 de enero de 2009]

Ellas eran las mejores amigas y tenían poderes mágicos. Solían usarlos para toda ocasión, claro está, no podían volar, ni sacar hielo de las manos, ni volverse fuego, tampoco podían ver a través de las paredes, ni oír las más bajas conversaciones… pero ellas podían pronosticar el futuro y hacer que ciertas situaciones le sucedieran a las personas que eligieran.

Lo comprobaron cuando desearon que Juan resbalara… y allá fue a dar Juan, resbaló del tercer escalón y cayó de sentón. Las dos se miraron mutuamente. Sus poderes existían en verdad. Sólo tenían ocho años y usaban los poderes a diestra y siniestra. Por ejemplo, ellas provocaron que el equipo de basquetbol, en donde estaba la niña que detestaban, perdiera; provocaron que el conserje, que a veces les cerraba la puerta porque llegaban tarde, fuera regañado múltiples veces por el director.

Provocaron la leyenda de que hasta el fondo de la cancha de fútbol asustaban, lograron que ningún niño se acercara a ese sitio, y se les quedó a ellas, en donde podían platicar y ver de qué manera iban a seguir usando sus poderes. Llegó a ser una obsesión. No podían dejar de pensar en ellos.

Sintieron que se las estaban tragando. Sintieron que dejaron de ser dueñas de sí mismas y entonces… pelearon. Lo único que mantenía a los poderes era el lazo de amistad que las unía, pero cuando este rompió… ellos desaparecieron. Lo supieron cuando se desearon el mal entre ellas y simplemente no pasó nada. Una de ellas hasta corrió a la esquina de la cancha de fútbol para ver si funcionaba… pero no. Todo había desaparecido.

Los años pasaron y ellas creyeron que todo fue un simple juego de niños.

—Aunque la verdad yo sí creía que teníamos poderes… ¿tú no? .—le dijo una a la otra un día hace cinco años.

—La verdad yo también lo creía.

Ambas tenían en la mente volver a intentarlo… pero les pareció absurdo y abandonaron la idea. Después la vida las separó, la distancia, las situaciones, cuando una se dio cuenta ya habían pasado tres años sin saber de la otra. Los tiempos habían cambiado tan rápido.

Sin embargo, esa mañana de enero vi en mi bandeja de entrada una solicitud para el jai faiv, era de ella. La acepté. Nos volvimos a frecuentar. En enero de este año me reencontré con mi mejor amiga de la infancia.

Ahora simplemente quiero creer que todo es una casualidad. Porque el destino y los poderes mágicos no existen ¿verdad? Todo es una simple casualidad, porque entonces ¿cómo explicarían que cuando deseo algo… se me cumple? ¿cómo explicar las tantas cosas que he pedido y se me han dado? ¿con qué sustentar el hecho de que casi siempre tengo una suerte excepcional?

La razón me dice que es una casualidad. La intuición me susurra que son mis poderes mágicos.

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