Ingenuidades

He comenzado a comprender que lo que hace mejor al mundo no es querer cambiar a las personas, sino aceptarlas como son y ser mejor para ellas”.

Escrito por Abril G. Karera el 13 de Julio de 2009

—Hagamos una fiesta para celebrar el fin de cursos.

—¡Hagámosla!

—Si quieren yo puedo conseguir el salón.

—Sí, consíguelo tú, nosotros nos encargaremos de lo demás.

—Pero hay que hacer una promesa.

—¿Cuál?

—Si algo sale mal, nadie se va a rajar.

—Eso es verdad, que nadie se raje.

—Les doy mi palabra que yo no me voy a rajar.

La última que dijo eso fue Gabriela. En ella yacía la ilusión de celebrar que por vez primera tenía más de quince amigos con los cuales contar. Era sumamente feliz. Claro, ni la mitad de ellos sabía sus secretos, pero ella los había observado y estaba segura de que eran confiables, hasta les había hecho un árbol genealógico. Allá estaban sus padres, ella era hija única, pero sus amigas eran sus tías y tenía primos, padrinos, abuelos y bisabuelos. Todos la cuidaban a su manera.

Por eso accedió a hacer esa fiesta. Con la organización de más de quince personas las cosas no podían salir mal. Pero… ¡zaz! que la Influenza se cruza en el camino y la tienen que posponer. Decidieron hacerla una semana después de regresar a clases, en mayo. Fue una fiesta enorme. Casi todos los de sexto semestre asistieron. Los vecinos estaban asustadísimos, no se acostumbra por esos rumbos ver a más de 300 chavos reunidos en un solo lugar.

La policía no tardó en llegar. Después de una hora, a las cuatro de la tarde, comenzaron a desalojar a todos. La dueña del lugar estaba espantada. Los argumentos de la policía para deshacer la fiesta es que “aún hay riesgos de contagio de Influenza” además “los vecinos están muy enojados porque muchos jóvenes están drogándose”. Gabriela cerró la boca. No había argumentos para debatir.

Parece asunto olvidado, pero en julio la sobrina de la dueña del lugar le llama. Tienen que cooperarse entre todos para pagar la multa. En México existe la corrupción y si no querían más problemas tenían que pagar esa cantidad antes de cierto día o la deuda se haría cada vez más grande. Gabriela dijo que no se iba a rajar, así que accede a reunir la cantidad.

Se contacta con sus amigos, con aquellos que son padres, sus tíos, padrinos, abuelos y bisabuelos. Descubre que todo es una farsa. Hay peleas entre ellos. Rastros que dejó la organización de la fiesta. Muchos están en desacuerdo. Si hablaran de desacuerdos ella haría una lista interminable, como ¿por qué dieron más boletos de los que se imprimieron?, ¿por qué promocionaron una rifa y no se hizo?, ¿por qué se sienten indignados si ni siquiera quisieron apoyar la organización?, ¿por qué exigen ahora una lista de los gastos si no la pidieron al momento?, además ¿cómo se atreven a decir que unos se gastaron dinero de más si ella sabe de personas que se guardaron en los bolsillos algunas monedas que hasta alcanzó para comprar zapatos? Se enoja profundamente pero decide olvidar esos asuntos.

Si la amistad que ellos proclamaban existe no habrá ningún problema. Gabriela comienza diciendo que vendió su celular para reunir la cantidad antes del día indicado, que ya ha ido a saldar la deuda y que ahora sólo espera que ellos le vayan abonando con lo que puedan para que las cosas terminen bien.

—¡¿Vendiste tu celular?! Yo, la verdad, nunca vendería mi celular y menos por esto, me costó muy caro.

Eso es una bofetada a las creencias de Gabriela. Por supuesto que esos celulares cuestan caro, por eso lo vendió, para reunir más rápido el dinero, además porque ¿qué es un celular comparado con la gran amistad que los une? Puedes vivir sin mensajes y llamadas, pero no sin tus amigos.

—Gabriela, creo que no has tomado en cuenta lo que te hemos dicho, en el mundo existe gente mala y tú siempre has creído que no la hay, yo sé que tú eres muy inocente, pero a veces esa inocencia te lleva a cometer cosas de verdad muy tontas, tienes que dejar de ser ingenua.

—¿Me estás diciendo que es ser ingenua creer en la amistad?

—No, claro que no, pero la amistad y el dinero no se llevan bien. Ni aunque tuviera el dinero, no te lo daba.

—A mí me enseñaron que por los amigos haces cualquier cosa y no les estoy pidiendo el dinero de golpe, si quieren me pueden ir dando por partes.

—Pues sabemos que eres una buena amiga, ya vimos que siempre podremos contar contigo, pero la verdad, yo no te voy a pagar.

Esa fue la primera vez que Gabriela comprendió que no siempre la forma en que te han educado sirve para afrontar los problemas de la sociedad actual. Quizás era verdad que ella era una ingenua, no era la primera vez que se lo decían. Ella creyó en todas esas personas y no obtuvo la respuesta que esperaba. Tan fácil que es dejar de lado los rencores. Dicen que si estás ahí no es para hacer más grandes los problemas, sino para darles solución.

El año nuevo para Gabriela comenzó en julio. Y no porque dejó de ser ingenua, sino porque reafirmó que, siendo como es, la vida es más llevadera, más linda y fructífera. Aunque, es verdad, fue una situación difícil, no hubo bueno ni malo, simplemente las creencias fueron diferentes. ¿Rencores? Parecerá mentira, pero no se guardan rencores. Por eso fue año nuevo, porque ella aprendió a aceptar de verdad a las personas, ya que ellos la habían aceptado como era.

Recomendaciones:

Por fin tengo vacaciones de verdad, los asuntos decembrinos no me habían dejado en paz, pero ahora que inicia enero puedo ser libre nuevamente. ¿Qué he hecho los últimos días? Atención: esto es exclusivo para niñas, si a mi hermano le repugna no dudo que los niños lo odien. He estado viendo un dorama taiwanés llamado Devil Beside You, está súper cursi xD pero es muy bueno, digo, por si las vacaciones las asfixian y necesitan un poco de dosis rosa. Yo lo recomiendo.

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