La bola de estambre

Tengo una bola de estambre por dentro que me oprime el pecho. La forman dos hilos largos y gruesos, uno azul y el otro gris. Es una bola grande, cerca del corazón y cada que late me duele un poco. ¿Alguna vez se han sentido brutalmente felices y tristes al mismo tiempo? Así me siento yo.

El hilo azul representa mi felicidad. Es tan largo como los kilómetros que he caminado toda mi vida y es tan grueso como sólo puede serlo la felicidad. Va de mis pies a mi cabeza y de mi cabeza a mis pies, y de nuevo de mis pies a mi cabeza, y otra vez de mi cabeza a mis pies. Rellena los huecos cerebrales. Y rellena también los huecos entre las articulaciones. Me gusta ese hilo azul. A veces se pone de acuerdo con mis venas y no se distingue, pero sé que lo tengo ahí adentro.

El hilo gris, en cambio, representa la tristeza. Quisiera que no fuera tan largo como el azul, pero lo es, espero que en menor medida. Es denso y pesado. En el pasado tapó mis vías respiratorias y estuve a punto de asfixiarme. También, en lugar de rellenar, él enreda. Enreda mis neuronas y mis venas. Me enreda. Es gris y se ve. Es gris y me pone triste. Es gris y creció hoy.

Sin embargo, el azul no cedió. Cuando el gris quiso invadir la parte de mis pies, el azul lo corrió, y luego comenzaron a jugar una especie de correteadas por mis venas. Me oprimían ambos. Tenía ganas de llorar. Muchas, a decir verdad. ¿Por qué no sólo uno se expandía por mí? ¿Por qué a fuerzas los dos? Si sólo fuera el azul yo sería inmensamente feliz, tendría una sonrisa enorme. Si sólo fuera el gris no me hubiera preocupado de llorar a más no poder.

Pero eran los dos. Los dos se fueron tejiendo por mi cuerpo. Me di cuenta. Porque estaba feliz, pero triste. Me di cuenta porque aunque tenía ganas de llorar mis ojos no dejaron salir ni una lágrima. Es frustrante. Se mezclaron en mi sangre, y tuve miedo de que se volvieran de otro color y de que yo fuera incapaz de distinguir la tristeza de la felicidad.

Se encontraron en mi pecho, lo oprimen. Mis latidos hacen que me duela. Se siente como nudo en la garganta, pero en el pecho. Tengo un nudo en el pecho. Un nudo de una bola de estambre. Ahora me arrepiento de no haber aprendido a tejer cuando era pequeña, quizás así podría agarrar a los dos con una aguja de esas grandes, y podría hacer una bufanda que me cubriera en el próximo invierno.

Y es más, podría deshacerme de ambos hilos, podría sacarlos de mi cuerpo y sentir la tristeza y la felicidad como las suele sentir la gente. Porque ahora siento que todo es un enredo en mi interior, me hace débil y las lágrimas no salen. Esa es la verdad. Estoy feliz, pero triste. Odio esa bola de estambre. ¿Alguien sabe cómo puedo desenredarla? Siento que no voy a ser capaz de quitarla antes de que sea febrero.

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