La voz de un recuerdo

En este año se han cerrado ciclos que me quemaban el alma.”

Escrito por Abril G. Karera el 29 de Diciembre de 2009.

Tú no existes más. Desde ahora, sólo vives por mí, sólo piensas en mí, todo lo haces por mí. Debes ser atenta, yo no estaré cerca tuyo, quizás hasta mi vida carezca de sentido, pero tú me reinventarás todos los días, seré la palabra más pronunciada por tus labios, seré el sueño más recurrente por las noches, ¿me estás escuchando atentamente? Tú ya no serás tú por ti misma, necesitarás de mí, pero más que de mí, necesitarás de mi recuerdo.

—¿Y si no quiero?

Esto ya no está bajo tu voluntad. Estoy tan dentro tuyo que el efecto de la palabra “querer” sólo funcionará para mí, dirás: “quiero estar con él”, “quiero mirar sus ojos”, “quiero tanto regresar al pasado y que esta tortura del presente se acabe”, sin embargo ninguna de esas frases será un hechizo… porque yo no volveré.

—¿Y si decido buscarte?

Ya habrán pasado algunos años cuando te decidas a hacer eso, te sorprenderás de la velocidad del tiempo porque ya no vivirás las horas, ni contarás los días, te perderás en la espera de verme llegar algún día. Entonces me odiarás y maldecirás mi recuerdo pero este será inmune a tus insultos. Practicarás todo tipo de psicología y sólo concluirás que no te conoces a la perfección. El día que me vayas a buscar yo no voy a estar, porque jamás estaré esperando por ti, lamento decirlo de esta manera… pero te darás cuenta que tú me dejaste de interesar hace tiempo.

—¿Entonces por qué me dejas a tu recuerdo? ¡Llévatelo! ¿Por qué te afanas en hacerme sufrir? ¡Yo no lo quiero así!

No me eches la culpa. Tú fuiste quien se adueñó de mi imagen, la repites constantemente en la cabeza que ya hasta has olvidado mi forma real. Tú no existes más. Te has sometido al recuerdo. Danzarás dentro de mi risa. Te volverás loca con mi ausencia. Debajo de las cobijas te pondrás a llorar como un bebé porque no me tienes. Nunca más me tendrás. Y entonces yo podré convertirme en ese recuerdo que cobra fuerza con tu vida, otras memorias me envidiarán, pero ya nada podrán hacer. Yo poco a poco seré tú.

—Veamos quién gana la última batalla.

Años después…

Ha sucedido todo lo que dije hace tiempo. Me adheriste a tu piel. Me recreaste en los sueños. Me dibujaste. He estado contigo todos estos años y, como lo dije, tú no has sido capaz de desterrarme, me siento como los árboles que echan raíces, las mías son tan largas que llegan hasta las fibras de tu corazón. Es inútil todo lo que intentes, ahora soy parte de ti.

Con que no me quieres contestar ¿verdad? No me importa, sabes que sigo ahí adentro. Aunque comienzo a preocuparme, hace tanto que no te hablo porque tú ya no charlas conmigo, ¿qué haces cuando no piensas en mí?, ¿qué haces ya cuando pasan las canciones que yo te dediqué?, ¿qué ocurre cuando lees en tu diario esos días que pasamos juntos? ¡Me ignoras! No me ignores, deja de ignorarme, ¡yo sé que me escuchas!, pero… estas neuronas comienzan a despertar… ¡háblame! ¡Están cortando mis raíces! ¿Cómo puede ser esto? Mil veces te oí decir que la razón no manda al corazón.

¡Sigues sin hablarme! Ahora las fibras de tu corazón palpitan furiosamente, pero no porque mis raíces más profundas estén en ellas, sino porque miras otros ojos, ¿te has atrevido a mirar otras pupilas? ¿ya olvidaste ese día en que dijiste que mi mirada era como el universo? ¡Háblame! ¡Te lo suplico!

—Es inútil, has perdido la voz en este cuerpo.

¿Tú qué sabes maldito corazón? ¡Tú no sabes nada acerca de mí! ¿Ves esa enorme cicatriz que tienes? ¡La causaron mis raíces! No te atrevas a desterrarme, quizás ella me pueda sacar de su cabeza pero no del corazón, ¿no lo dijo Pablo Neruda: “Es tan corto el amor y tan largo el olvido?” Así que si me sacas… te atendrás a las consecuencias… dejarás de latir, tu pulso será débil… morirás.

—Neruda usó el adjetivo “largo” y no “eterno”, no me importa la herida que me hiciste, ahora sanaré, pero primero… tengo que sacar tus raíces…

¡No! ¡¿Qué haces?! ¡Ayúdame! ¡¿Por qué no me contestas?! ¡Tu corazón me está desterrando!, ¿acaso estás loca? ¡Morirás sin mí! ¡Tú no puedes vivir sin mí! ¡Ayúdame! Siento que me debilito… yo no soy nada sin ti… yo vivo por ti… yo sólo pienso en ti… y todo lo he hecho por ti… yo no existo más. No existo si tú no quieres que exista. La palabra “querer” me superó ¿verdad? Yo quiero estar contigo… yo sé que soy sólo su recuerdo… pero ya no lo extrañas, ya no te importa nada de él.

No me abandones, dile a tu corazón que desista a su tarea, por favor, por todas las ilusiones que te di, por todas las ocasiones en que te saqué una sonrisa, por todos los obstáculos que te ayudé a superar, no me abandones, piensa que un día tú y yo fuimos uno mismo, por favor… me estoy muriendo… me estoy volviendo una idea común y corriente… me diluiré en tus lágrimas… no me dejes…

—¡Cállate recuerdo! ¡No es mi culpa que te hayas enamorado de mí!

¿Lo sabías?… yo… no existo más…

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