Rencor de niños

Nina y  Aisha no se hablan muy bien. Nina tiene 7 años,  Aisha casi 8. No se hablan muy bien desde el año pasado. Desde que murió Karol. Al principio todos pensaban que era un simple enojo, uno de esos que caracterizan a los niños, dicen “te odio”, pero si les ofreces un chocolate o los consientes cambian de parecer, pero ha resultado ser algo más grave. Cuando era chiquita nunca me pelee tan en serio con mis primos, todos ellos son como mis hermanos, y hasta la actualidad seguimos queriéndonos y contando unos con los otros.

Nina y Aisha también son mis primas, pero son del “grupo de los peques”. No sé cómo rayos mis tíos se pusieron de acuerdo, nos tuvieron a intervalos, los que pertenecemos al “grupo de los grandes” tenemos entre 15 y 20 años, sigue el “grupo de los medianos” de entre 10 y 14 años. Y luego los chiquitos, de 4 a 8 años. Cuando hay fiestas familiares, todos, sin estar consciente de ello, se van con su respectivo grupo.

Desde que murió Karol la familia cayó en shock, se acepta la muerte de los adultos o los ancianos, pero la muerte de los niños y los jóvenes siempre deja una especie de lapsus mental en la cabeza. Karol era hermana de Aisha. Nina siempre jugaba con Karol. Cuando la pequeña niña murió, Nina lloró un día entero. Yo me pregunté esa vez, ¿cómo puede comprender la densidad del asunto a sus (entonces) 6 años?, Aisha, en cambio, jugó todo el día del velorio, y luego, sin dejar de sonreír, hizo dibujos y colocó un montón de juguetes en el féretro de Karol.

Mis tíos, padres de Karol, obviamente tuvieron problemas entre ellos, no es cosa fácil afrontar una pérdida de ese tipo, más cuando descubres que su muerte pudo ser prevenida. Comienzan los golpes mentales. La culpa y la desesperación. Aisha tuvo que afrontar todo eso. Lo más curioso (o preocupante) es que siempre la veía uno sonriendo. Hasta que un día no pudo más y se desahogó.

Así como yo considero a mis primos mis hermanos y sé que puedo contarles cualquier problema, así Aisha y Nina crearon ese vínculo. Aisha le contó todo a Karol, absolutamente todo, las peleas de sus padres, las discusiones con los abuelos, el posible divorcio, y el que la familia de su padre culpara a la mamá por la muerte de la niña. Problemas enormes que tuvo que soportar una niña de entonces 6 años.

Y así como yo le confío todo a mi madre, Nina le confía todo a su madre. Y le contó lo que Aisha le había dicho. Es aquí cuando uno descubre que cuando uno es niño los problemas no se le hacen en realidad tan grandes, siempre se confía en una solución, cuando uno se vuelve adulto comienza a achacar culpas y responsabilidades y pocas veces se confía en la solución. Se hizo un problema enorme de las confesiones de las dos niñas. Y las dos niñas se dejaron de hablar, porque Aisha dijo que Nina la había traicionado.

Actualmente las cosas están mucho mejor. Mis tíos no se divorciaron y han hablado entre ellos, las familias están en paz. Aún nos duele lo de Karol, falta poco para que se cumpla un año del fatídico día. Sin embargo, aún Aisha y Nina no se pueden hablar bien, Nina llora por eso, Aisha también, sólo que no enfrente de nosotros. A mí me sorprende lo orgulloso que uno puede ser de niño, o tal vez no es orgullo, sino dolor. Dolor que se convierte en rencor. Me sorprende mucho el rencor que puede sentir uno de niño. Ellos no deberían sentirlo.

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