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Mostrando entradas de septiembre, 2010

Desilusión

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Reconozco en mí aquello que nunca quise ser. Me di cuenta no precisamente por mirarme fijamente en el espejo, sino por leer con atención mis letras y notar con aflicción mi desempeño en la vida… en mi vida. Soy todo eso que siempre critiqué. Una imagen completa de todos mis traumas, que ya desechados, se adhirieron a mi piel para convertir mi aspecto en una plaga de errores.No sé por qué apenas me di cuenta, comienza a preocuparme mi perspectiva general de todas las cosas. Sabiendo que no soy ya lo que creí que era… ¿quién me asegura que todo lo demás no es en sí lo que yo venía defendiendo?

Inmóvil

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Estamos lejos y estamos cerca, ya alguien habló de eso alguna vez. Si cierro mis ojos puedo verte, pero todavía me falta perfeccionar tu recuerdo, ver con claridad esas líneas que te aprecio cuando acercas tu rostro al mío para darme un beso. Digamos que, si cierro mis ojos, sólo te veo. Ni siquiera imagino el color de tu ropa, sólo estás ahí, como una imagen intacta que me sonríe. Eres una imagen intacta que me sonríe. Y como imagen intacta intento darte movimiento con mis manos, pero hasta ahora eso sólo ha logrado deformarte, no consigo que te muevas en mi mente… ¿por qué? ¿Por qué?Necesito que te muevas, porque así, inmóvil, no puedes dar patadas a las ideas de soledad que me invaden cuando tú no estás.Te extraño.

Edmundo

Yo no me acuerdo de mí, por eso escribo un Diario. He leído con gracia mis anotaciones de los doce años, iba en sexto de la primaria y ya había terminado mi relación con Humberto. Vaya, mi ortografía era mala, aún no usaba todos los acentos y no podía escribir bien la palabra decisión. En realidad toda mi redacción era algo torpe, de una cosa me saltaba a la otra dejando lagunas enormes, me gustaría saber qué hubiera dicho sobre ciertas cosas, pero no lo dije… creo que de ahora en adelante seré más cuidadosa al escribir el Diario, no quiero dejar cabos sueltos.Como aquél de cómo fue que conocí a Edmundo. De pronto aparece mencionado en mi Diario, de la nada, sin preámbulos, no escribí algo como: “Hoy conocí a Edmundo” o “Sé que nunca te he hablado de Edmundo, pero él es…” Sólo hay un fuerte y frío: “Me gusta Edmundo”. Esto lo hace aún más interesante, porque con el paso de las páginas en el Diario quiero hallar pistas que me hagan desentrañar a ese niño misterioso. Sin embargo caigo e…

Tres poesías por el Bicentenario

Debido a la escasez de poesías sobre el Bicentenario, me atrevo a compartir con ustedes el trabajo de la Profesora María Concepción Carera Salas.¿Dónde están los héroes?¿Dónde están los héroesque lucharon por la patria?¿Dónde su ternura?¿Dónde su valor?¿Dónde están los héroesque ofrendaron su existencia?¿Dónde su bravura?¿Dónde está su amor?¿Dónde están los héroesque vencieron al tirano?¿Dónde está su esencia?¿Dónde su canción?Y la voz de la patria responde:¡Aquí tenemos uno!¡Allá tenemos otro!¡Y en esta magna tierratenemos muchos más!Son jóvenes de ahoraque surgen desde el alma,de aquellos mis valientesque me han traído acá.A este nuevo siglode grandes esperanzas,de retos, de grandezasy hazañas por lograr.Son jóvenes que luchancon base en sus raícesque Miran a futuroun México de paz.______________________________________________________A Don Miguel Hidalgo y CostillaBendita sea la horaen que viniste al mundocon un pensar profundoy persiguiendo un ideal.Bendito sea el momentoen que te…

Todo por culpa de “El pelos de elote”

O por culpa de su bicicleta. O por culpa de Humberto porque aquel día no quiso estar conmigo en el recreo. O por mi propia culpa por tenerle tan poca paciencia y…Humberto y yo duramos más o menos dos meses. Creo que nunca nos tomamos de la mano ni nos dimos algún beso, ni siquiera en la mejilla. Pero todo eso no era necesario. Nos la pasábamos muy bien juntos. Amábamos la bicicleta y podíamos pasar todo el día jugando con ella. Me iba a dejar a mi casa y, a veces, salíamos a dar paseos en ella. Siempre él manejando… siempre yo en los diablitos.Hasta que un día… como dijo Peyote… sólo hubo dolor. Él no quiso jugar conmigo, tenía un partido “importante” y yo, en lugar de sentarme a ver cómo intentaba parar balones, me fui a jugar con mis compañeros. “El pelos de elote” llevaba su bicicleta.—¿Me das una vuelta en la cancha de fútbol? —le pedí señalando el vehículo.—Si quieres te la presto. —me contestó el rubio.—No, es que quiero ir en los diablitos. —insistí.“El pelos de elote” accedió …

Súbete a mi bicicleta

Yo le dije a Sandra que aún no era momento de tener novio, pero una semana después de que hablé con ella me hizo reunirme con Humberto en la cancha de fútbol. Él estaba sumamente nervioso y jugueteaba con su balón. Yo no sabía qué decir. El silencio era algo insoportable… entonces él habló:—Pues ya sabes, ¿no?—¿Saber qué? —respondí ingenuamente.—Bueno ya, es que… —en ese momento dejó el balón de lado, me miró a los ojos y con voz firme me preguntó: —¿Quieres… ser… mi novia?Ahí estaba la famosa pregunta. No era la primera vez que me la hacían, pero sí era la primera en que me paralizaba por completo, todos los efectos habidos y por haber se manifestaron en mí… manos sudadas, latidos a mil por hora, lengua trabada…—¿Qué dices? —preguntó él luego de que vio que me había quedado completamente muda.—No sé… te digo a la hora de la salida. —y me eché a correr a mi salón.Cuando la chicharra anunció el fin de las clases, “El pelos de elote” (un amigo de mi salón que era rubio) me dijo:—Gaby… ¿…