Novio de fin de cursos

Primera parte: Edmundo

-¿Por qué Estados Unidos perdió en el ajedrez?

-No sé.

-Pues porque ya no tiene sus torres gemelas.

Y Edmundo soltó tal carcajada que me asustó. Sonreí tímidamente, él se notaba nervioso. Estábamos sentados en unas banquitas no lejos del patio principal de la primaria, nadie notaba nuestra ausencia porque todos estaban inmersos en la ceremonia de clausura. De hecho nosotros también teníamos que estar ahí, pero él me había jalado de la mano y entonces ya estábamos sentados en las banquitas, contándonos chistes.

-Hay que regresar, ¿no? –sugerí girando la cabeza hacia la ceremonia y notando que el baile regional de los niños de tercero estaba a punto de terminar.

-Espera, quiero decirte algo. –dijo él con un tono de voz que no le conocía.

-Dime.

Edmundo se puso colorado, me dieron ganas de reírme porque rojo se veía gracioso, pero me contuve. Lo miré con atención y entonces él soltó:

-¿Quieres ser mi novia?

Luego de eso me miró fijamente a los ojos. Yo balbuceé, mira que declararse el día de la clausura, justo cuando salíamos de vacaciones; y no sólo eso, sino que también saldríamos de la primaria, ¿quién nos aseguraba que íbamos a ir a la misma secundaria? Y además… Humberto…

-Pero…

-Vamos a ir a la misma secundaria. –agregó rápidamente. –Así que no habría ningún problema, ¿no crees?

-Pues no, pero…

El baile regional había concluido y yo tenía que ir al pódium a decir algunas palabras. Me gustaba Edmundo, era verdad. Y entonces dejé guiarme por ese pensamiento antes de salir corriendo a la ceremonia.

-Sí.

Edmundo esbozó una enorme sonrisa y corrió detrás de mí. Al finalizar todo me regaló una rosa de su arreglo de graduación. Y dijo que me buscaría en vacaciones, cosa que nunca sucedió.

 

Cuando entramos a la secundaria, justo el primer día de clases, decidí terminar con él. Era la primera vez que lo veía desde que se me había declarado; yo había concluido en vacaciones que aunque me gustara no tenía sentido estar con él porque no había nada más. Éramos unos chiquillos. Nos vimos en el patio de nuestra nueva escuela, él llevaba una rosa y yo le dije que hasta ahí, que mejor fuéramos amigos. Creí que pensaba igual que yo, que si no me había buscado en vacaciones era porque no le importaba, pero no. Me dio la rosa, dijo algo como qué mala onda y se fue. Nunca más volvió a dirigirme la palabra.

 

A veces me lo encuentro en la combi. Sigue siendo muy simpático, debo admitirlo, además ha hecho mucho ejercicio y se le nota. Pero nuestros encuentros nunca pasan del fingir no vernos, del fingir que jamás nos conocimos.

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