Meditaciones sobre el viaje

I

Hay un mundo afuera, Gaby, que un día vas a conocer. Ahorita confórmate con recorrer bien tu calle. Aprecia las líneas que dividen las banquetas, mira con atención los cientos de hormigas que se desplazan por todo el asfalto, haciéndolo el universo entero. Apréndete de memoria los negocios y las casas, qué sigue luego de aquel poste, de qué color es la siguiente pared. ¿Ya contaste los pasos que te separan de la escuela? Pues cuéntalos. Y luego multiplícalos por la cifra más alta que se te ocurra porque esa será la cantidad que debes anhelar a recorrer. En este momento, pequeña, es en esta calle y en este pueblo donde debes manifestarte. Después… quién sabe.

 

II

Si quieres toma ese libro, suena interesante. El misterio del solitario de Jostein Gaarder, así se llama. Trátalo con cuidado porque se ve nuevo. Qué felicidad que la escuela haya decidido ampliar la colección de la biblioteca, qué felicidad que has llegado antes que todos a tomar el que más te guste. Llevas prisa ¿eh?, has devorado las primeras páginas. Abre la ventana de la habitación y deja que el sol de este abril tan hermoso te haga sentir en ambiente. ¿Así que un hombre y su hijo van rumbo a Delfos a buscar a la esposa y madre perdida? ¿Así que el niño ha descubierto un librito que cuenta la historia de unas cartas de naipes? ¿Así que solitarios somos todos, así que humanos somos, así que buscamos respuestas siempre? La historia te envuelve y te traslada a las tierras helénicas. ¿Grecia, dioses, civilización? ¿Un oráculo que marca tu futuro? Ay, ya estoy viendo cómo se iluminan tus ojos, ya veo que quieres ir. Querida, párate y ponlo en tu lista de cosas por hacer antes de morir. Si el tiempo es benévolo y si luchas por ello, un día, tal vez, lo logres.

 

III

Has crecido y ahora conoces la ciudad. Cuídate y sé dueña de ti. Siéntate al lado de la ventana en el camión que te transporta, ve cómo poco a poco todo deja de ser cielo claro y campo para convertirse en nubes y edificios. Tu casa siempre será tu casa. Tu casa es tu familia. Tienes que alejarte de ellos y, al mismo tiempo, tienes que quedarte con ellos. La ciudad es inmensa y, a veces, traga sin fijarse. Eres un punto desplazándose en un plano inmenso de colores. Disfrútalo, ahora es aquí donde debes existir.

 

IV

Estás acostada en el pasto y ves cómo un avión surca el cielo claro dejando tras de sí un rastro de nubes. Algún día, dices, hacia algún lugar.

 

V

¿Cuántos pasos has dado? ¿Cuántos crees que te falte dar? Cuando estás en la ciudad caminas con prisa, cuando estás en casa caminas tan despacio que los perros se aburren de seguirte. Te propongo algo, haz lo contrario. Camina despacio en el metro, camina rápido en el mercado. Camina despacio en las calles largas y ruidosas, camina rápido en las calles silenciosas y estrechas. Apréciate en ambos ambientes. ¿Te das cuenta? La ciudad jamás se conoce, la ciudad es una selva. La ciudad es un mundo que se descubre todos los días. ¿Escuchas el sonido de tus pasos, acá en el pueblo? ¿Tu respiración agitada, las voces lejanas que arrastra suavemente el viento? Viaja en ti misma primero, para encontrarte siempre en los lugares más insospechados.

 

VI

Has estudiado duro, pero todavía puedes dar más. Reflexionas sobre eso cuando la Doctora te da la noticia. Vámonos de viaje, vamos a los Seminarios Anuales. Estudias Letras Clásicas en la UNAM (nadie sabe que el misterioso solitario influyó en ti de tal manera que hasta te decidiste por la carrera que estudia a los antiguos griegos y a los antiguos romanos), ¿en dónde más puede haber un evento de estudios clásicos si no es en la mismísima Grecia? El corazón se te encoje y rememoras aquel día en que el sol brillante iluminaba la habitación cuando leías acerca de Delfos y el futuro predicho. Sí, por supuesto que sí. Corres a mirar tu lista de cosas por hacer antes de morir: ha llegado el momento de borrar una de las más esperadas.

 

VII

Ha pasado realmente rápido todo esto. Llegas a casa por el mismo camino que recorrías cuando ibas a la primaria, te divierte contar de nuevo los pasos. Eres una hormiga, ahora lo descubres. Ahora que te vas, Gaby, entiendes lo cerca que estamos todos.

 

VIII

Estás acostada en el pasto y ves cómo un avión surca el cielo claro dejando tras de sí un rastro de nubes. El sábado, dices, hacia Grecia.

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