En mi compañía

Nunca sabes lo que vales hasta que te encuentras en una situación inesperada. Y esas casi nunca pasan, por eso son inesperadas. Dicen que soy afortunada, pero más bien creo que no he perdido mi capacidad de asombro. Perdón, tal vez no me estoy explicando bien. Ahora les contaré.
Me conocí hace ya algunos ayeres y fue genial. Sí, así es, me conocí a mí misma cuando menos lo esperaba. Tomé mi propia mano y me dije: Hola, yo soy tú y he decidido caminar contigo. Fue muy jalado. Comencé a caminar con mi aura sintiendo el peso de las cosas por vez primera. Esto de aquí es el mundo, dije, y es lo más maravilloso que te pudo haber pasado. Crecí mucho en mi presencia y en las situaciones más horrorosas estuve ahí para sostenerme. Ahora vamos al abismo, me dije un día, pero saldremos cuando sea necesario.
Bajé. Descubrí que siempre se podía seguir bajando. Así que bajé más. Esto es el horror, me dije, pero puedes tomarlo. Lo bebí y me transformé. Soy un monstruo, me dije. No, no lo eres, me respondí. Lloré mucho y yo misma sequé mis lágrimas. Me perdí y yo misma volví a alumbrar mi camino. Nunca sabes qué tan fuerte es tu voluntad hasta que decides sacarla en forma de espada y romper los muros más densos.
Tengo miedo, me dije.
Claro que así es, me respondí.
¿Y entonces qué hago?, me pregunté.
Camina más rápido que él.
Aceleré el paso hasta que dejé de ver penumbra y los colores inundaron el espacio. Esta de aquí eres tú, me dije viéndome en las aguas cristalinas de alguna laguna de mi mente. Qué bella, qué hermosa mi figura. Te entiendo Narciso, ¡te entiendo! Ya no estamos en el fondo, tal vez nunca volvamos, me aseguré.
Sin embargo, un día me dije: Déjame sola. Te perderás, respondí sujetando más fuerte mi mano. Sólo déjame, pedí ferviente. Serás como la arena ligera llevada a donde el viento quiere, no podrás parar, me advertí y me alejé lo suficiente, apenas a una distancia donde no podía decir nada, pero podía observar todo.
¡Entonces cuántas cosas comenzaron a atacarme! Aquél tenía razón y ése de allá también. Y ése. Y ése. ¡Cuántas verdades existen! Me fui con una y con otra, mis pensamientos se revolvieron. ¡Qué pesado es el mundo! ¡Qué bajo! ¡Qué alto! Era arena y no podía detener el vuelo. ¡Todo lo apreciaba! ¡Todo me llenaba y me vaciaba al mismo tiempo! Y tan veloz era el viento que me llevaba que me estrellé en algún punto del universo.
Me despertó mi propio beso. Volví a sujetarme y me cargué en la espalda recorriendo las distancias que el desenfreno me había hecho cruzar. Y mientras dormía velaba mi sueño y me maravillaba con las figuras de mi mente. Nada de esto es necesario, susurraba a mi oído. Adquirí calma y me abracé muchas veces.
¡Cuántas cosas escribí entonces! De alguna forma las letras me cobijaban como mi propia voz. ¡Qué hermosa y terrible la realidad! ¡Qué hermosa y terrible la fantasía! Y entonces supe lo que valía. Adquirí conciencia de mi yo tanto en el presente como en el pasado y el futuro. ¡Mi yo en el tiempo! ¡Mi yo en la vida! ¡Mi yo en lo que es y no dejará de ser! Ese conocimiento me permitió tomar las riendas de mis actos y potencializar mis deseos. Lograré esto, decía. No te creemos, respondían los otros. No era necesario replicar, simplemente lo demostraba. Tienes una suerte increíble, decían ellos. Sólo he comprendido mi vida, respondía tranquilamente.
Sé qué todavía hay mucho que conocer y eso me maravilla, sólo quería decirles eso, que sujeto mi mano la mayor parte del tiempo y que se siente bien. Que vivir se siente bien. Que valorarme y vivir se siente muy bien.
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