Mis encuentros con Demian de Herman Hesse

La primera vez que lo vi estaba sobre el escritorio de la secretaria de mi padre. Yo tenía nueve años y esperaba a que mi papá saliera del cabildo para poderme ir a casa, así que me fijé en el título: Demian, me fijé en el autor: Herman Hesse. No lo abrí porque tenía muy claro que no podía tocar cosas que no fueran mías, pero cuando papá salió le pedí permiso para verlo.

—Te lo regalo —fue su respuesta.

—Pensé que era de Mary… —balbuceé.

—Ahora es tuyo.

Era el primer libro sin ilustraciones que mi papá me regalaba, así que subí al coche con una sonrisa enorme, ansiosa por comenzar a leerlo. Por desgracia, no pude llegar más allá del primer capítulo, porque no entendía gran cosa. Sabía que había un chico que se llamaba Emil Sinclair, que se debatía entre el bien y el mal y que había robado unas cuantas manzanas sintiéndose muy culpable, pero mi entendimiento no me daba para más.

Lo metí en la repisa de uno de los libreros y me olvidé de él durante tres años.

A los doce lo tomé por casualidad, jugaba a eso de cerrar los ojos y pasar mis dedos por los lomos de los libros. Fue el elegido de aquella ocasión. Esa vez logré terminarlo, aunque seguía sin comprender mucho. Sin embargo, la narrativa espiritual de Hesse me atrapó por completo, tanto que quise encontrar mi paz interior, mi yo, mi ser supremo. Comencé a meditar sobre mis actos y los pensamientos existencialistas abrumaron mi pequeño cerebro. Páginas y páginas de mi diario se llenaron de divagaciones sobre el bien y el mal, sobre quién era, guiada por Demian.

A los quince volví a leerlo, los rasgos físicos y mentales de mi mejor amigo me hacían compararlo constantemente con Demian, así que volví a la historia, para comprobar si era verdad o si sólo eran los rezagos de la novela en mi cabeza. Era verdad. Parecía que había encontrado a mi Demian y me daba un poco de miedo y curiosidad. Insistí a mi amigo a que se acercara al libro, pero él me dijo que era una lectura muy aburrida que le habían dejado en la prepa y que no le interesaba mucho.

Luego, a los dieciocho, volví a tomarlo. Había decidido leer toda la obra de Hesse, por fin. Pero quería empezar nuevamente por Demian. Comparado con sus otras novelas, Siddharta lo rebasaba por mucho. Pero como había sido la primera obra del autor que había leído, le tomé un cariño muy especial. No me identifiqué tanto con el Lobo Estepario, pero se lo regalé a alguien que definitivamente era (o es) uno. Mi historia de vida, siento, siempre se pareció más a la que se narra en Demian.

Mi mejor amigo se convirtió en mi novio cuando yo tenía veintiún años. Le hice alusión a Demian, y como, al final, terminaríamos juntos. Él juró que nunca había leído dicha novela, yo insistí en que ya se la había recomendado. En fin, juntos nos acercamos nuevamente a la obra de Hesse. Era claro lo que el autor alemán quería lograr con su novela, un encuentro del mismo. Un viaje al interior, recordando los tormentoso que puede llegar a ser la adolescencia.

Gracias a esa obra me volví más sensible con mi existencia a una edad temprana. Veía el efecto de mi poder como ser humano, como ente. El entendimiento con uno mismo llega después de mucha reflexión, ayuno, tarea espiritual en la que pocos creen, pero que, sin embargo, existe. Definitivamente Demian llegó a cambiarme la vida. Emil Sinclair debe encontrarse a sí mismo, alejándose de vicios y caminos maltrechos, hay una luz más poderosa que puede redimirlo, sólo Demian le muestra cuál es.

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¿Ya lo leyeron? ¿Qué opinan de él? Y si no lo han leído, no duden en darle una oportunidad. ¡Saludos!

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