Anita cadáver

Inspirado en el capítulo XLVII de Oliver Twist de Charles Dickens


Algo inusitado me ocurre. Soy un asco. Tengo mil flores en mi cuerpo y todas se han marchitado. Apesto. El olor que desprendo aleja todos los caminos de mí, veo cómo se retuercen las veredas con tal de que mis pies no las toquen. Así lo veo. Y envuelta en esa fragancia marchito también todo lo que piso. La maldición de Midas, pero aún peor, porque ni siquiera podré ver el brillo de las cosas una vez más. Putrefacta convierto al silencio en miseria y sigo rodeándome de cosas nefastas. Morí. Perdí la cuenta del número de golpes que él me dio cuando llegué a veinticinco. Fue Guillermo Sikes, el violento Guillermo Sikes. Ahora no puedo subir ni puedo bajar, estoy suspendida en este mundo lleno de dolor. Es mi castigo por haber negado la ayuda que aquellos ojos puros me ofrecieron. ¡Si hubiera sabido que la muerte me estaba esperando ansiosa, sedienta de mi sangre! Siento que me asfixio. Moriré mil veces antes de poder anhelar una salvación. A menos que... ¡oh, criatura del cielo, bendita seas! El pañuelo sigue en mis manos, el pañuelo blanco y puro que ofrezco ahora mismo al cielo rogando por el perdón. ¡A ti te lo ofrezco, cielo santo, yo que fui Anita y que ahora soy un cadáver!
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