¡Soy un payaso!

El tráfico, o mejor dicho, el embotellamiento. Cuando hay tráfico se supone que todos los automóviles fluyen, pero cuando todos están parados, con sus choferes a punto de explotar, eso sólo puede recibir el nombre de embotellamiento, parece que todos trataran de escapar por el cuello de una botella hacia la verdadera libertad de correr a mil por hora.

Caso peor es estar sentado en una combi, con el aire enrarecido a pesar de que las ventanas vienen abiertas; apretujado, porque los conductores siguen creyendo que en el asiento de cuatro caben tres personas gordas y tú. Aumentémosle hambre y calor. Situación para desquiciar a cualquiera. Aunque, un momento, reparas en el nuevo pasajero de la combi: un payaso. Y un payaso no es un cualquiera porque él no debería desquiciarse en una situación como ésta.

Lo compruebas casi inmediatamente, en la combi de al lado un niño de tres años asoma la cabeza: Payaso, hola payasito. El hombre con el rostro pintado muy llamativamente sonríe y saluda con la mano. Mamá, mamá, el payasito me saludó, escuchas decir al niño y, en una situación como esa en la que todos desean bajarse del vehículo, compruebas que los pasajeros de la combi han sonreído.

Se abre la puerta y sube un nuevo pasajero: una señora con bolsas de mandado. Siéntese a mi lado, señora, dice el payaso. Ella lo mira con diversión y acepta la oferta. Al poco rato se está muriendo de la risa y contagia poco a poco al resto. Eres muy gracioso, dice halagadora. Claro, ¡soy un payaso! Carcajadas por doquier. Y apuesto a que detrás de ese maquillaje eres un joven muy guapo, se atreve a decir la doña. Oiga, oiga, qué atrevida es usted, ¿cómo sabe mi verdadera identidad?, ríe el payaso. Todos ríen.

Mi show era a las 4pm, ¡pero ya son las 4:30pm y no llevo ni la mitad de mi camino!, confiesa el payaso en un tono cómico-dramático. Aquí háganos un show, pide la señora. Sí, ya hay que irnos sacando las ropas porque hace calor, y el payaso comienza a desabrochar su chaleco ante la expectativa de todos, ¡cayeron! ¡creyeron que lo haría, ¿verdad?! Risas generales. Ni cuenta te das cuando la combi comienza a avanzar. La combi se vuelve una fiesta. Si hubiera niños a bordo todo sería más hilarante.

Ríes y ríes y ves tu parada pasar. ¡Tu parada! Oiga, don, deténgase, me bajo aquí. Buscas apresurado tu dinero. Pagas. Y ya estás a punto de bajar cuando descubres que debes darle las gracias al payaso, en nombre de todos los pasajeros de la combi.

Muchas gracias, me hiciste el día, sin ti este embotellamiento hubiera sido insoportable.

No agradezcas, ¡soy un payaso!

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