Vi un monstruo que salía del mar y se acercaba al edificio en donde estábamos. Los guardianes ya se habían dado cuenta y le disparaban con rifles enormes unas bolas azules de energía. Las paredes cimbraban y, aunque sabía que debía esconderme, mis pies se mantenían sujetos al suelo y mis ojos fijos en la bestia. Era enorme y tenía hambre de destrucción. Las bolas azules le daban en el cuerpo y la aturdían, pero no la derribaban porque, tan pronto como lograba darse un respiro, el monstruo chillaba y lanzaba coletazos a la construcción. Uno por uno de los guardianes fueron cayendo. Todos en mi habitación habían escapado. Quedé petrificada cuando la bestia miró mi rostro lleno de miedo y, llena de coraje, me tomó con sus tenazas. Con violencia, me lanzó al suelo y luego su enorme pie estrujó mis huesos hasta casi volverme polvo. Se alejó dejando un camino negro tras de sí, en el cual mi cuerpo destrozado se confundía con los escombros.
14 enero, 2014
12 enero, 2014
A 10 centímetros de Vlash
Una canción que me recuerda mi adolescencia es, sin duda alguna, “A diez centímetros de ti” de La Oreja de Van Gogh. La escuchaba cuando iba en el CCH, porque estaba enamorada de mi mejor amigo y esa canción reflejaba tal cual mi sentir. ¡Qué pensaría la Gaby de ese entonces si supiera que, después de todo, sería novia de él! <3 Los años luz que nos separaban del mañana pasaron demasiado rápido.
10 enero, 2014
El intercambio
Se rompió el cielo y bajó una luz. Pobre luz, estaba sola. El cielo estaba roto y por ahí se fueron todas las almas de la tierra. Ni una sola quedó en los suelos desolados. La luz vagó por las calles, los campos y las ciudades. Brillaba tan poco que todo a su alrededor se cernía en oscuridad lacerante.
Llora la luz.
El cielo se cerró al finalizar el cuarto día. Los fantasmas se habían colado por ahí y los cuerpos de los vivos se pudrían en las casas. La luz quería abrirles los ojos, pero era imposible. Llena de tristeza, la luz se fue apagando. Llena de dolor por haber intercambiado su mundo con el de los seres humanos, se ahogó en un suspiro.
Y el mundo quedó en silencio, las paredes fueron testigos. El tiempo arrasó con todo. Eso ocurrió porque el alma de ese hombre mágico quiso volver a la tierra donde había conocido a su amor. No sabía que el alma de la mujer que amaba se mezclaría con las otras y se perdería en el mundo que él había abandonado.
No, no lo sabía.
Moría solo. Sola, la luz, se extinguió.
