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Mostrando entradas de septiembre, 2011

Virus VA001

Landa Galen no encontró ninguna diferencia en su organismo cuando recobró la conciencia. Le habían dicho que se sentiría más ligera, casi de papel y por eso se entristeció bastante cuando no pudo percibir la sensación de ser diferente. Casi estaba segura de que el virus no había sido compatible y de que su organismo lo había rechazado, pero cuando miró las computadoras y vio que marcaban absoluta compatibilidad tuvo que llevarse una mano a la boca. Sonrió con suficiencia pues no esperaba menos de sí misma, era ahora portadora del virus VA001 que, según las investigaciones, tendría que proporcionar el poder de…Quiso probarlo inmediatamente. Se quitó los cables e hizo caso omiso a las indicaciones de médicos y científicos que estaban con ella, incluso ignoró a su maestro. Así, descalza y con la bata blanca con la que había sido operada, salió al campo de pruebas del laboratorio. Parecía una loca suelta en un manicomio. El grupo de gente que había llevado a cabo la operación la seguía en…

Estás

Invariablemente estás.Maldito. Me doy la vuelta y ahí estás. Cuando busco mis zapatos debajo de la cama, estás. Si como helado, estás. Y también estás en todas mis clases, en todas mis caminatas de regreso a casa, en todas las veces que he mirado el cielo para ver si hay estrellas. Te detesto con toda la fuerza con la que alguien como yo puede detestar; es decir, no mucho, ni siquiera un poco, apenas lo suficiente como para querer patearte y luego quedarme abrazada a tu cuerpo.Estás en las paredes y en los escalones. En mi brazo izquierdo y en el derecho. En las zonas que no puedo ver, pero que existen. Estás en todo lo que puede abarcar mi mirada. Y entonces, al verme rodeada por tu imagen, intento huir. Me voy y me divierto y salgo y cambio y soy otra. Pero siempre vuelves, siempre. Y aún cuando me encuentro cansada te tienes que colar en mi cansancio, en mis ganas de dormir, en mis ganas de llorar. Y es entonces cuando siento que te odio, porque ya no quiero verte, ya no quiero sab…

Perdida

La mezcla de canciones tristes, tarea excesiva y el recuerdo de una persona que no iba a volver provocó que Léa quisiera perderse en la ciudad. Sí, a propósito. Había estado mirando un mismo punto en la pared durante horas, sin decir ni hacer nada más que repetir en su cabeza una y otra vez sucesos que no se repetirían, palabras que no volvería a oír, proyectos que quien sabe si cumpliría, escenas de doramas que la hacían sentirse mal. Harta de no tener orden en su mente y mucho menos en su corazón decidió salir a perderse. Y luego, si tenía suerte, poder regresar con bien.Echó a un morral un cuaderno, una pluma, un libro, una cámara fotográfica y un reloj. Llenó su botella de agua y pasó a comer bien. Quería perderse, pero no quería morir de hambre en el camino. Tomó unas cuantas monedas y salió. Fue a la estación de metro más cercana y una vez sentada en uno de los vagones dejó que el tren marchara. Se bajó al azar sin mirar el nombre de la estación. Nunca había estado ahí, así que,…

Diálogo

—Creo que existe mi príncipe azul. —Tú y las niñas tontas que creen esas cosas. —No seas grosero. —Ponte a pensar, ¿acaso no es azul porque es asfixiado? —No, si fuera asfixiado sería morado. —Entonces es azul porque muere de frío. —¿Por qué moriría de frío? Yo lo abrigaría. —Entonces tu príncipe no sería azul. —Tienes razón, sólo sería mi príncipe, sin color. ¿También crees en las princesas? —Creo en ti.