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Mostrando entradas de marzo, 2013

La escuela

A veces me despierto sin ganas de ir a la escuela. Bueno, ya sé que los que me conocen saben que me sucede muy seguido, pero qué hacerle. Pienso en los meses que me faltan para terminar la licenciatura, también me pregunto si llegaré a ser como esas personas que se lamentan por ya no estudiar, por haber dejado las aulas. Como sea, ahora mismo voy para allá, hacia la Universidad. No malinterpreten lo que escribo, no es un afán de desvalorar lo que tengo y he logrado. Sigo creyendo que el estudio abre las mentes y salva las almas. Pero la escuela... ese es otro cantar.


*Luego de escribir esto ella fue a la escuela, miró con atención a los profesores, dijo un par de cosas y volvió para escribir en su diario: «A pesar de todo, me gusta lo que hago».*

Ganas

¡Ay, pero qué ganas tengo! Pensaba la joven apretando las piernas. Su amigo, ese amigo tan guapo que tenía y por el que todas morían, le acariciaba los pechos. Hacía mucho calor y sus neuronas habían saltado un poquito, se bronceaban. Y ellos se sentían ajenos a sí mismos. Luego él acercó sus labios y ella casi lo mordió. La marea de sus ganas los llevó al naufragio.
Cuando despertaron un hormigueo recorría sus cuerpos.
—Es tarde, la noche ha caído —dijo él algo ensimismado.
—Es tarde, yo he caído —respondió ella y se puso a llorar.