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Mostrando entradas de diciembre, 2011

La tierra daba vueltas

Lo que más amé de todo es que no me sentí sola. Lo que más me conmovió es que pude ser yo. Pude defenderme. Demostrar mi existencia humana. Tengo amigos y eso me hace feliz.Abril G. Karera, 17 de abril de 2011Sentía que estaba en medio de un torbellino, literal. La tierra daba vueltas y yo hacía lo posible por asirme a lo seguro. No quería caer. No con todas las cosas que aún tenía que decirles. Veía sonrisas en sus rostros y me las contagiaban, pero lo que quería decirles era serio, muy serio. El mundo seguía girando y yo estaba en el centro. Me sentí una heroína, pero no lo dije por si me lo tomaban a mal. Por si exclamaban: “Bueno, por fin la hemos perdido”. No, nunca me perdieron. Ni ese día en que me costaba tanto trabajo mantenerme erguida.—Ya deja de tomar, Gaby. —dijo alguien que seguro me conocía y creía que era normal prohibirme las cosas.—No. Es más, sírvanme otra. —respondí para demostrar que aún podía tomar decisiones. Se oyeron carcajadas y mi hermano me sirvió agua, ni …

Alimento

Siento que estoy flotando en un universo triste y desconocido.Abril G. Karera, 9 de marzo de 2011Todo me golpea. El aire, las palabras, el tiempo, mis materias, las personas, ya no hay nada con sentido en este lugar. Ni yo misma. Te lo dije, te lo he dicho muchas veces: que te quiero y que te extraño, pero tú sólo te limitas a asentir con la cabeza. Demonios, conviértete en el personaje de un libro para que, al menos por las descripciones, intuya tus pensamientos. Y ahora, con todo este embrollo, no me puedo dormir. Sigo viendo tu nombre en la computadora. Te hablo, conversamos un poco de casi nada. Me siento peor. Intentas animarme y accedo a darte gusto, pero no es suficiente. Nunca nada es suficiente.Soy una bola azul. Una bola de arroz que se come. Y me como a mí misma porque tengo hambre. Una bola de arroz azul. Y sepo rica. —Sabes rico. —escribes en la pantalla.Cómeme y disfrútame porque alimento como yo no hay dos. Y una vez que me termine ya no podrás encontrar más. Y tendrás …

Sepelio

La muerte de los ancianos es, hasta cierto punto, agradable.Abril G. Karera, 7 de febrero de 2011Hacía demasiado calor en esa habitación. No era para menos, más de veinte personas sentadas, otras tantas paradas, muchas veladoras, velas y el féretro rodeado de los respectivos arreglos florales de condolencias. Era obvio que iba a hacer mucho calor y mucho más si afuera había un sol inmenso que se burlaba del dolor. Rodrigo y yo estábamos tomados de la mano, sin decir nada, sólo presenciando el suceso. Antonio, nuestro amigo, ayudaba a su familia a poner un manteado en el patio para aminorar el golpe de los rayos. Mis manos comenzaron a sudar. Quise soltar a Rodrigo, pero él me sujetó más fuerte. En el féretro estaba la abuela de Antonio, una señora que nunca conocí. Nadie decía nada, era una situación realmente silenciosa. Había sollozos que terminaban rápido. Lágrimas que rodaban por mejillas sin mayor alboroto.—¿Qué tienes? —me preguntó Rodrigo haciendo que su voz rasgara el ambiente…

Casa sola

Esa mañana no había nadie en casa de Sergio, salvo él. Su familia había salido desde temprano a un lugar desconocido donde seguramente se estarían divirtiendo bastante sin preocuparse del pobre Sergio que se había quedado dormido. Pero no le preocupó. Cuando estuvo seguro de que volverían hasta tarde tomó el teléfono y le marcó a Liliana, su novia.—¿Quieres venir a mi casa?—¿A qué?—Pues… a conocerla.—¿Para qué?—No hay nadie.—Ah… .—Esas últimas tres palabras le hicieron comprender la situación. —Llego en una hora. —Y colgaron.A Sergio le inundó la emoción. Tenía seis meses con Liliana y eso de explorar sus cuerpos se les daba muy bien. Rápidamente escombró la sala, medio arregló la cocina, barrió el patio y hasta perfumó su habitación. Y en punto de las diez de la mañana sonó el timbre. Era Liliana. Estaba recién bañada y se había pintado los labios.—Pasa. —Pidió torpemente Sergio algo embobado por la presencia de su novia.Ella sonrió tímidamente. Entraron a la sala y se sentaron.—Pues…

Comentario número mil

Nunca crees que vas a caer más de lo que ya has caído, pero sí es posible.
Y eso me sucedió.
Iba caminando por mi vida cual niña alegre en un campo de flores. Y luego todo se fue marchitando. Y cuando creí haberlo visto todo, resultó que no, que todavía faltaban más cosas. Así que fui observando pacientemente cómo se destruían mis estructuras mentales. No paraban los sucesos, no paraban las desilusiones, ¡no paraba nada! Me fui yendo hacia abajo, cada vez más y más y más y más. Hasta llegar a donde estoy.
Y luego abrí mi blog y descubrí que tenía 1001 comentarios. Recordé que cuando decidí tenerlo, hace como dos años y medio, me dije que si llegaba al comentario número mil iba a mandar mi novela a una editorial. ¡Ha llegado ese comentario! Abrí la caja donde esa novela yace y la releí. Me sigue gustando tanto. Pero ahora tendré que reescribirla (porque esa caja, obvio, es mi cabeza). En octubre pasado, el veintisiete exactamente, perdí mi computadora. La olvidé en un salón y lo recor…

Nudos

Un nudo de palabras está atorado en mi garganta. Ni me deja comer, ni me deja gritar, ni me deja siquiera que lo intente quitar. Y un nudo de ausencias oscila en mi cabeza y me hace llorar y me hace explotar y me hace olvidarme de que no hay soledad. Falta mencionar los nudos de recuerdos y los nudos de esperanzas. Y los de amores y odios. Y los de paz y guerra. Y hasta los nudos de las agujetas de mis zapatos. Es más, si ahora entraran a mi habitación sería difícil reconocer las formas: hay nudos de libros y nudos de ropa, nudos de fotos que no me atrevo a romper. Y las paredes son nudos y todo se vuelve una bola rara, muy rara, donde todo está revuelto y atorado y difícil de deshacer. Y sólo se ven mis ojos, brillando entre tanto nudo, mis pupilas agradecen no estar ennudadas porque así miran mejor el caos. Aunque, ahora, cuando todo es nudo siento que mis manos se doblan, mis pies, mi cabello, ¡el aire! Más cerca está todo, más doloroso. Más tiempo hecho bola me come. Y me enoja …