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Alimento

Siento que estoy flotando en un universo triste y desconocido.

Abril G. Karera, 9 de marzo de 2011

 

Todo me golpea. El aire, las palabras, el tiempo, mis materias, las personas, ya no hay nada con sentido en este lugar. Ni yo misma. Te lo dije, te lo he dicho muchas veces: que te quiero y que te extraño, pero tú sólo te limitas a asentir con la cabeza. Demonios, conviértete en el personaje de un libro para que, al menos por las descripciones, intuya tus pensamientos. Y ahora, con todo este embrollo, no me puedo dormir. Sigo viendo tu nombre en la computadora. Te hablo, conversamos un poco de casi nada. Me siento peor. Intentas animarme y accedo a darte gusto, pero no es suficiente. Nunca nada es suficiente.

Soy una bola azul. Una bola de arroz que se come. Y me como a mí misma porque tengo hambre. Una bola de arroz azul. Y sepo rica.

—Sabes rico. —escribes en la pantalla.

Cómeme y disfrútame porque alimento como yo no hay dos. Y una vez que me termine ya no podrás encontrar más. Y tendrás mucho antojo de mí, pero me habré acabado.

—Cariño, deliras. —escribes.

Deliro mucho, es verdad. Pero así es el mejor alimento. Delirante.

—Duérmete. —insistes.

Pero no puedo, te digo que no puedo. No puedo. No puedo. No puedo. Cómeme y dormiré plácidamente. Cómeme ahora porque he de morir algún día. O dime, dime ¿cómo puedo dormir? ¿Cómo puedo dormir si el tiempo pasa tan rápido?

—No duermas entonces, sólo cierra los ojos hasta que amanezca. —escribes finalmente ante tanta vuelta mía.

Y te hago caso. Te hago caso, siempre. Cierro los ojos y acallo todo lo que me explota. Cómeme en el silencio. No me doy cuenta cuando me ha tomado el sueño. No me doy cuenta cuando te has ido.

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