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Nudos

Un nudo de palabras está atorado en mi garganta. Ni me deja comer, ni me deja gritar, ni me deja siquiera que lo intente quitar. Y un nudo de ausencias oscila en mi cabeza y me hace llorar y me hace explotar y me hace olvidarme de que no hay soledad. Falta mencionar los nudos de recuerdos y los nudos de esperanzas. Y los de amores y odios. Y los de paz y guerra. Y hasta los nudos de las agujetas de mis zapatos. Es más, si ahora entraran a mi habitación sería difícil reconocer las formas: hay nudos de libros y nudos de ropa, nudos de fotos que no me atrevo a romper. Y las paredes son nudos y todo se vuelve una bola rara, muy rara, donde todo está revuelto y atorado y difícil de deshacer. Y sólo se ven mis ojos, brillando entre tanto nudo, mis pupilas agradecen no estar ennudadas porque así miran mejor el caos. Aunque, ahora, cuando todo es nudo siento que mis manos se doblan, mis pies, mi cabello, ¡el aire! Más cerca está todo, más doloroso. Más tiempo hecho bola me come. Y me enoja sentir que para tanto embrollo, para tanta cosa tan rara, presienta que lo único con poder de volver todo a su sitio eres tú. Aunque también podría funcionar la paciencia de desenredar amorosamente y con cuidado todos mis nuditos.
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