20 agosto, 2014

Príncipes, guerreros, nubes, fuegos, estrellas

Hace ya dos años que sus labios y los míos se fundieron en un beso largo, travieso y sincero. Las luciérnagas de nuestros estómagos iluminaron la noche lluviosa. Mil centellas cruzaron nuestros ojos para salir al aire frío y llegar a las estrellas que titilaban sobre nuestras cabezas. Los árboles se estremecieron y con sus ramas nos cubrieron del resto de las personas. Ése fue nuestro momento, nuestra felicidad.

Hace ya dos años que mi vida dio un giro inesperado al elegir estar con él. Me convertí en una flecha que llevaba una dirección designada, pero como flecha que no duda, que no titubea, di la vuelta en el último momento. Una de las mejores decisiones de toda mi vida. Me acuné en sus brazos, sorprendida por la calidez de los mismos, que hasta ahora no me han hecho extrañar otros. Nuestras frases tejieron el manto de la charla sobre nosotros, un manto cada vez más hermoso, más grande, capaz de cubrir todo el universo.

Muchos temen hablar del futuro porque nunca se sabe realmente lo que va a ocurrir, mucho menos cómo va a ocurrir. El pasado, en cambio, es un libro abierto. Se reconstruye de muchas maneras, se rememora y se disfruta. Mi pasado con él tiene una luz poderosa que ilumina este presente. La alimentamos todos los días con gestos, palabras, cariños, sueños, realidades. ¡Así cómo no ha de seguir brillando!

Hace ya dos años que mi mejor amigo y yo nos volvimos algo más que amigos. Nos hemos considerado novios, compañeros, amantes, camaradas, incluso hermanos. Y continuamos descubriendo nuevas formas de llamarnos: príncipes, guerreros, nubes, fuegos, estrellas.

Hace ya dos años, Vlash, que la decisión de ambos nos unió en esta vida fantástica.

Te amo.

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