A ver cuándo nos echamos una platicadita

Desde hace algunos años quise educar al cerebro para que permitiera a mis ideas tener un libre albedrío, todo cabe en mi cabeza, y para quienes ya leyeron LA HISTORIA INTERMINABLE de Michael Ende podrán comprender que todo es como el mundo de Fantasía. Así que mis ideas libres suelen escapar de mi cerebro, les gusta emanar de mis labios, conocer el mundo exterior y colarse a tantos oídos puedan.

Conversar, así le llamaron los sabios al hecho de que las ideas de dos o más personas pudieran existir armoniosamente y evolucionar a nuevos y mejores pensamientos. Y ese es uno de mis pasatiempos favoritos.

Los que me conocen sabrán que soy una persona que habla demasiado, me gusta divagar de idea en idea hasta encontrar la adecuada, no me gusta quedar callada en las buenas conversaciones, justo cuando el cerebro ubica una reflexión lo suficientemente buena para debatir otro pensamiento, ¡paf! la deja salir y entonces hablo y digo y pienso.

No soy una persona aburrida, al contrario, siempre encuentro algo de qué platicar, y todo esto lo digo porque al estar con una amiga caímos en la cuenta de que solemos hablar mucho, a veces la gente hasta nos mira raro, pero lejos de lo que alguien pudiera pensar de que somos argüenderas o cosas por el estilo, los temas de los que hablamos no son acerca de la vida privada de alguien, o de los programas actuales de televisión, o de los artistas más famosos del momento, es sobre temas varios, desde la cantidad de maneras que se conocen para cocinar un huevo hasta la paz mundial y la política de México.

Por supuesto, tampoco debe pensar el lector que a una le gusta imponer sus ideas, precisamente porque el pensamiento es libre se toma en cuenta que también puede ser inmaduro, y es por eso que una buena conversación ayuda a crecer el pensamiento, uno se nutre de más conocimientos, uno es capaz de hacer mayéutica y racionalización, hasta lógica y memorización.

Conversar nos hace más humanos, es el hecho de aceptar los puntos de vista de los demás, de formarse una idea del mundo, es la manera en como no se olvidan ciertas cosas, en como puedes ir de la risa hasta el llanto sin pasar nunca por el enojo. Y también es el modo en como te enamoras de ciertos asuntos y no estás satisfecho hasta encontrar más datos sobre ello.

En la actualidad el arte de conversar se está perdiendo. Ya no puedes hablar con todo el mundo, menos en la ciudad, la mayoría siempre lleva prisa, los que no, se rehúsan a escuchar nuevas ideas; todos creen tener la razón, pero algo es cierto, la razón no existe, es relativa, así como el bien y el mal. Y a esto se anudan los avances tecnológicos, que en realidad no soy de la idea que por el internet ya no hables con tu familia, porque yo lo hago.

Incluso hasta el messenger es una de los métodos más viables para conocer mejor los puntos de  vista de las personas, qué decir de los blogs, es conversar por escrito. Sin embargo, no todos lo hacen, y no es mi intención juzgar, creo que lo que más afecta al arte de la conversación son los estándares de vida que nos presentan los medios masivos de comunicación, más en México, la televisión es el controlador número uno de los habitantes de este país, y para ellos platicar es tener dos horas de chismes de los famosos, y degradar el lenguaje.

No me voy a poner en una burbuja aparte, muchas veces también he caído en las trampas televisivas y comerciales, ¿cómo he logrado darme cuenta? Leyendo y… conversando, pero de esas conversaciones que no se olvidan, que te dejan un shock mental por todo lo nuevo que descubres. Así que hay que platicar, en cualquier lado, en el metro, en las clases, en el pasillo, en el baño, en la cocina, debajo de la lluvia, esperando el bus, siempre se halla un buen tema.

Así que ustedes dirán cuándo nos echamos una platicadita XD.

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