Always single, always in love

Poner play.

La miro por el reflejo de la ventana del metro. Está sentada a mi lado, leyendo. Finjo dormir, pero en realidad estoy mirando su rostro a través de mis pestañas. Luce cansada y a la vez divertida, me pregunto qué tipo de novela estará leyendo, sus ojos se pierden ante esta realidad, ella está sumida en la lectura. Observo cómo en su rostro se lee el pasaje de la historia y sin querer comienzo a leer también, pero a través de sus muecas y miradas transparentes.

Apenas alcanzo a descubrir la línea antes de que dé vuelta de página, ya lo suponía… es una historia de amor. ¿Por qué a las mujeres les gustan esas historias? Son tan irreales, tan de cuentos de hadas, ¿acaso nunca dejarán de esperar al príncipe azul? Leo a través de su iris que se trata de un joven solitario caminando por las calles de la ciudad justo al anochecer. Como yo hace algunos momentos, antes de subir al metro. Veo al joven mirar sin asombro los edificios, detenerse un momento en Bellas Artes y luego ver su reloj, es entonces cuando decide marcharse.

Ella es tan expresiva que casi puedo apreciar con toda nitidez al chico haciéndose paso entre la gente para poder subir al metro, o quizá es el recuerdo reciente de cómo tuve que tirar casi a una señora para que el tren no me abandonara. Ya es tarde. Continúa la lectura. Ella narra con claridad cómo el joven no sabe nada de su vida. Está tan solo. Se siente tan solo que hasta da tristeza. Se sienta sin precipitación en uno de los vagones. Quiere dormir y olvidarse de su vida.

Entonces entra en escena el otro personaje, una chica bella de mirada sincera y cabellos lacios. No quiero saber de ella, seguro es la parte en que ella molesta al joven que trata de descansar y ocurre un flechazo de Cupido que anda viajando en el vagón sólo para molestar. Dejo de mirarla y me concentro en tratar de dormir. Pero una extraña curiosidad me mata, tal vez deba ver qué ocurre. Vuelvo a mirarla a través del espejo, tiene una sonrisa en los labios, ya sabía que pasaría eso.

La chica pide disculpas al joven por golpearlo con su mochila y luego se sienta al lado de él. No puedo creer lo que sucede a continuación. Él la ignora, ya no quiere saber de la que acaba de sentarse a su lado, porque siente que la conoce demasiado y que en cualquier momento podrá rendirse de nuevo y voltear a verla y pedirle que lo disculpe, que no debió dejarla abandonada, que debió explicarle que él era así, así de solo, así de complicado, que no era que no la quisiera, era sólo que no se encontraba.

Me lleva… definitivamente voy a dormir. Pero entonces ella hace un gesto de ternura que me hace querer seguir sabiendo de la historia que lee. Y leemos ambos que esa pareja sentada en el metro se siente sola. Que él quiere seguir ignorándola y ella para llamar su atención saca un libro de su bolso. Sabe que él la mirará el resto del camino, porque ama leer las historias que ella cuenta con el rostro a pesar de que esté leyendo cosas totalmente diferentes.

Así que sólo me está engañando. Pero no me importa, veamos hasta dónde llega lo que supuestamente está leyendo. Seguimos con la historia y se lee cómo ambos personajes van experimentado la soledad en sus cuerpos. Él ignorándola. Ella leyendo. Ambos sienten en la espalda esa carga que los hace sentirse incómodos en los asientos. La observo, comienza a acongojarse y yo junto con ella. Sus ojos tristes hacen que los labios se cierren de manera graciosa que me dan ganas de besarla para que no se sienta más mal. Pero aún me contengo.

La historia sigue narrando cómo la chica no sabe qué hacer ya con su soledad, que el compartirla fue mala idea, y él piensa exactamente lo mismo. Ambos son las mitades de algo que piensa igual. Entonces en la lectura la chica pone súbitamente una mano sobre la mano del joven. Espero a que lo haga y segundo después siento su mano entre mis dedos. Me agrada sentir su piel.

Y ahora sucede que ella espera que él haga lo mismo, pero él es un tonto y se aguanta. Y me aguanto también. Y es en ese justo momento cuando ella comienza a sollozar, sus lágrimas mojan su piel delicada y la gente del metro voltea a vernos. El joven de la historia la abrazó si dudarlo un segundo, pero yo…

—¿Te sientes bien? —pregunto tratando de alejar las miradas de los curiosos.

—Es que estoy leyendo una historia muy triste, lo siento. —dice con voz lo suficientemente clara como para que unas cuantas personas dejen salir sonrisas de incredulidad, ¿llora por una historia?

—Aquí estoy.

—Lo sé.

Y entonces sigo el acto prescrito de mi personaje. La abrazo con fuerza. Siempre solo, siempre enamorado.

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