Memorias de Juliana

Ese día llegué tarde, no había sido un buen día. Luego de la escuela y de verme con mis amigos terminé en la puerta de su casa, no sé por qué. Di unas cuantas vueltas antes de tocar, pero finalmente no me atreví. Me quedé mirando la luz del televisor que se filtraba por la ventana. ¿Por qué me dolió tanto quedarme ahí parada? También me niego a saberlo. Mis dedos estaban cerca, muy cerca del timbre, pero el corazón palpitaba de una forma extraña. Es decir, dolía mucho tener que hacer eso, dolíame en el alma tener que ir, tocar su puerta, pedirle perdón y abrazarlo nuevamente. Eso no estaba en la lista de cosas que yo podría hacer, no estaba. Y si no estaba y si no lo iba a hacer de todas formas entonces significaba que no lo amaba lo suficiente. ¿Por qué dejé que los minutos me desgarraran durante tanto tiempo? Me fui a casa sólo hasta que su vecina salió y me preguntó qué quería. No le contesté. Volví a hacer mis listas mentales, esas que tanto me repetí para poder olvidarlo. Destacaban el hecho de que no me ponía suficiente atención, el hecho de que simplemente no nos comprendíamos. Y si era de ese modo, ¿entonces por qué seguía doliéndome? ¿Qué especie de amor era esto? Saberlo imposible, lejano y aún así continuaba lacerando mis días y mis noches. ¡Qué mal me sentía! Llegué llorando a casa y no saludé a nadie. Me fui a ahogar en mi propio mundo de tristezas. ¡Cuánto lloré el no tenerlo! ¡Cuánto lloré mi miedo a tenerlo nuevamente! ¡Cuánto! Y luego me quedé dormida. Cuando desperté todo seguía igual. No sabía bien hasta cuándo comenzaría a cambiar mi vida.

Fragmento de Tiempo Predestinado

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