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El animal nocturno

El otro día un perro negro llegó al techo de mi casa y no dejaba de dar vueltas. Recé mucho, pero no se iba. Gruñía como molesto por algo, me dio mucho miedo. Aseguré mis ventanas y me quedé escuchando sus pasos un buen rato hasta que me agarró el sueño. Al día siguiente mi techo tenía sangre regada, me asusté de veras. Un vecino me dijo que era el animal nocturno, que anda en busca de alguien a quien morder. Muerde y se lleva las almas. Mata sin consideración. Por la noche me cubrí con más de siete cobijas y tomé el rosario entre mis manos, pero no funcionó. A las doce en punto estaba de nuevo ahí, gruñía y rascaba el techo de mi habitación. Luego oí a alguien gritar de terror en la calle, me hice bolita y cerré los ojos con fuerza. En la mañana me dijeron que sí, que había un animal nocturno custodiándome, que tuviera cuidado, que echara agua bendita, que rezara no sé cuántos padres nuestros, que pusiera una cruz en mi puerta. Me puse muy nerviosa.

La noche cayó nuevamente e hice todo lo que me recomendaron. Pero de nuevo se encontraba ahí. Dio vueltas en mi techo y luego me habló. Ven conmigo, dijo con voz de perro. No quiero, respondí con voz temblorosa, cuidando que no pudiera entrar. Debes venir conmigo, habló de nuevo y me asusté tanto que hasta las lágrimas se me salieron. No quiero, reafirmé. Entonces un viento fuerte vino, los cristales de mis ventanas se estremecieron. Arriba dejaron de oírse gruñidos. ¡Ven conmigo!, ordenó la voz de un hombre, se escuchaba al otro lado de la puerta. Retrocedí con la cruz entre mis manos. La manija comenzó a girar, grité. Di vueltas de la desesperación y luego lo único que se me ocurrió fue escapar por la ventana. Salté.

Antes de caer al suelo caí en el lomo de un animal enorme. Se trataba de él. Trotaba con fuerza y rapidez, quise tirarme a los lados, pero algo me mantenía sujetada a su cuerpo. Tenía una larga herida en el vientre y cada que saltaba iba dejando un rastro de sangre. La gente que nos vio pasar se quedaba anonadada. ¡Se la ha llevado, el Animal se la ha llevado! Muchas chicas caían desmayadas. Era muy tarde. Trotó hasta llegar a unos matorrales en el cerro cercano. Yo temblaba de miedo. Me hiciste esto, ahora arréglalo, dijo señalando con su mirada de perro la herida del vientre. No sé de qué hablas, respondí apenas con voz. Ayer me heriste, cuando peleamos.

¿Peleamos?

Peleé con un hombre la semana pasada, apuñalé su vientre muchas veces. Es lo que sé. Pero también sé y estoy segura de que fue sólo un sueño. Volaba alto sobre la ciudad cuando ese hombre comenzó a perseguirme, volaba más rápido que yo y me atrapó y caímos cerca de un río. Quiso golpearme en el pecho para quitarme la vida. Yo lo apuñalé con una especie de espada que salió del agua. Él flaqueó y yo desperté.

Miré al enorme perro que poco a poco iba convirtiéndose en humano, una transformación muy lenta, pero real. ¿Qué hago? ¿Qué debo hacer?, supliqué. Déjame golpearte, fue su respuesta. No había salida. Se volvió un hombre, pero muy alto y apenas visible. Preparó su puño y me golpeó en el pecho. Sentí que mi cuerpo era un tambor, mis mismas ideas retumbaron. Las ondas de su propio golpe lo lanzaron lejos de mí. Supe entonces lo que tenía que hacer. Me acerqué a su cuerpo débil y sangrante y le pegué en el corazón. El hombre se hizo añicos, como si fuera de vidrio. Yo salí triunfante.

Al día siguiente, obviamente, su cuerpo había desaparecido. Nadie me creerá que yo lo maté. No me importa, vendrán más porque hoy fue toda una legión de hombres la que me persiguió mientras soñaba. No sé por qué les interesa tanto matarme, pero sé que terminaré con todos. Ahora iré a asegurar mis ventanas, quizá hasta compre una pistola. Esto se va a poner bueno.

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