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Mostrando entradas de septiembre, 2014

Estrés

Mira cómo me deshago en el tiempo, no tengo mil brazos, ni mil cabezas, ni mil corazones. Sólo dos brazos, una cabeza y un corazón han de bastar para lo que siento. Palpitan y siento que me voy a romper.

Su silencio

Tengo mucho que decir acerca de su silencio. Decir por ejemplo que cuando explota en nuestra conversación me altera los oídos y logra que mi cerebro piense rápidamente en otros temas: en lo que me falta hacer, en el libro que estoy leyendo, en algo que dije a alguien. El silencio se expande entre nosotros como una bomba atómica que nos deja sordos para lo que el otro tiene que expresar. Muchas veces ese silencio hace eco de nuestras ideas, porque cuando volvemos hablar decimos lo mismo o algo parecido. ¡Escuchaste mi pensamiento!, decimos alegremente mientras nos reconciliamos con una sonrisa. Otras veces su silencio es espeso y me ahoga, me digo: ¿Por qué debe ser así? ¿Por qué no soy capaz de decir alguna otra cosa, aunque sea una tontería? Me dejo asfixiar por el silencio hasta que me duele la cabeza, me canso, me voy. Él no dice nada, sus ojos fijos en un punto dentro de sí, algo grande e ilógico, como la mayoría de sus pensamientos. Si algo he aprendido de él es que hay que vivir…

Noche loca

GiroGira      GiramosGeranios giran juegan gnomosJeje         JijiJajaJajajejejejijijijujujGiro giro giro

Elegir

Es extraño cuando decido hacer las cosas. Es extraño que la gente decida hacer cosas. Quiero decir, ¿quién dijo que había que hacer algo? Estamos y hacemos. Y estamos y no hacemos. Y elijo hacer, porque no hacer me deprime, me cuestiona la valía de mi persona. Valgo por lo que decido, me ha quedado claro. La elección es mi poder. Y es extraño porque una vez que decido hacer algo parece que gano el combo más grande, me desplazo tan rápido y es todo tan genial que… que… me siento viva. ¿Elijo hacer para sentir vivir? Porque una cosa es vivir y otra sentir la vida. Y una cosa es estar aquí escribiendo, y otra escribir para estar. Y creo que a lo que mí me pasa es lo segundo, siempre ha sido lo segundo.

Él está triste

Hay algo en él que me sabe a tristeza. Caminamos juntos, nos tomamos de la mano, miramos nuestro reflejo en las ventanas de los automóviles estacionados, sonreímos y nada parece suficiente. Él está triste. Platicamos de la vida, de los libros que hemos leído, de nuestros sueños que involucran fantasmas, de proyectos, pero al hacerlo no brillan sus ojos. Él está triste. El amor es la palabra que menos se pronuncia, aunque viene implícita en los te amo. Ya no sé qué hacer para que vea que mi respiración es real, que mi tacto sí toca, que puedo y quiero y sueño y anhelo y logro. Él está triste. Se lo está comiendo la tristeza, primero por la cabeza, extendiéndose en su mirada perdida, en sus labios que no ríen, en su cuello cansado, sus hombros caídos, le escurre tristeza cuando corre y habla de lo poco que entiende. Se le desparrama la tristeza cuando come y me salpica. Me esfuerzo: ¡Vive hoy! ¡Elige vivir! Y parece que mis palabras se diluyeran en el agua triste que corre por su rostro…