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Carretera

carretera Caminar. Tan sólo caminar. Mirar tus labios moverse al compás de tus palabras y a tus palabras bailar con tus historias y a tus historias envolverme en su trama… y a la trama llegar sin previo aviso…

Y luego besarte… fundirme con tus labios… mezclarme en tu silencio y hacer un silencio extraño, de esos que nadie oye más que nosotros. De esos silencios que apagan los estruendos, que se vuelven atronadores, que te impactan en los oídos, que ni con suspiros, ni con frases románticas tendrán más sentido que si sólo estamos callados.

Tan sólo pensar en que te irás me hace extrañarte más que nunca. Así que rozo mis dedos con los tuyos y permito a tu risa traspasar mis labios e inundar de su sonido mis pulmones y la tráquea. Mi risa suena a la tuya. Te lo dije, cambiaríamos de risa… Y ahora me tomas de la mano y esperamos incesantes a que los automóviles terminen de pasar… las luces de los faros iluminan nuestros rostros contentos.

Mirarte de ladito, sintiendo el concreto frío en la espalda, son de esas situaciones que no olvidaré, ver el cielo nocturno y despejado, y tu sombra despegada de tu sombra, convertida en la silueta que se inclina para besarme. Si pudiera describir cada movimiento que provocas a mi cuerpo, es una enorme población de guerras y encuentros, de proclamaciones de paz, de explosiones en los dedos…

Ya no me basta con sólo un beso ¿sabes? Si contigo todo el ajetreo del mundo lo siento en los latidos. Ya no me basta con sólo un beso pero nos tenemos que parar porque se acerca un auto. Así que desafío tu mirada en la oscuridad, las pupilas se desprenden y divagan en el ambiente. Nuestro silencio se ha comido las pupilas. Ya no sé dónde comienza y dónde termina la carretera, pero estuve contigo en algún punto de ella, el principio o el final, ¿a quién le importa?

Dile a nuestro silencio que me devuelva las pupilas porque necesito ver bien mi rostro a la hora de escribir esto.

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