06 enero, 2011

Zumba la mente

La chica está caminando por el parque con su novio. Platican de muchas cosas y a la vez de ninguna. Si hubiera un micrófono que diera voz a los pensamientos que transitan por sus cabezas se oirían cosas como: “Rayos, ya quiero besarte”, “Esperaré que pase esa señora con su hijo y luego te daré un beso detrás de lo oreja, quiero sentir cómo te estremeces"…”, “¿Por qué vinimos al parque? ¿Por qué mejor no fuimos a un lugar más solitario donde no hubiera gente que nos mirara y nos llamara ‘impúdicos’?”

Zumba la mente. Por fuera las bocas emiten palabras mejor acomodadas y probablemente mejor pensadas:

—Ya  extrañaba pasear contigo por el parque. –dice ella.

—Yo también, amor.

03 enero, 2011

Fogata

Las llamas nos dicen cursis. Perdidos. Ilusos.

Nos llaman enamorados. Niños. Jóvenes.

Parece que somos personajes de algún cuento de hadas.

Príncipe y princesa.

O mejor, ELLA Y ÉL.

O mucho mejor, TÚ Y YO.

Todos los adjetivos y los sustantivos y los verbos se queman como troncos en la fogata. Surge un fuego cálido y hablante: las llamas susurran nuestros nombres, pero como las llamas son principiantes en la pronunciación del lenguaje, apenas crepitan las ramas. En un momento tu nombre se oye claro. En otro, el mío. En otro más, el de ambos.

Esta fogata que nos mira mientras nos damos un beso.

Que nos observa cálidamente / tiernamente / sinceramente / llameantemente.

 

Amor, prendamos otra fogata con el calor de nuestro amor.