31 enero, 2010

Así ha sido enero

De aprender a cocinar

—Oigan, ¿qué se le echa a los frijoles: cilantro, perejil o yerbabuena? —pregunta Gaby a su primo Pablo y a su hermano Kike.

—Perejil. —dice Kike.

—Yerbabuena. —dice Pablo.

—Cilantro. —remata Gabriela.

Después de una breve discusión Gaby se decide por la yerbabuena, ya va feliz a la cocina a realizar la maniobra cuando llega su prima Araí:

—¿Qué haces Gaby?

—Voy a echarle la yerbabuena a los frijoles.

—Pero eso no se les echa, se les debe poner epazote.

—(¬¬) ¡Ah! Ya lo sabía… (xD)

Lleno de esfuerzos

Para que dejen salir a Gaby debe hacer una riquísima agua de limón, mezcla todos los ingredientes con amor y se dispone a probarla, a ella le sabe… bien. Ve que su mamá no está muy lejos de ella y entonces le dice a su hermana:

—Isela, di en voz alta “Gaby ya sabe hacer agua de limón”, pero dilo alto para que mi mamá te oiga y me deje salir.

—Va, a ver, dame la prueba.

Gaby le ofrece el vaso lleno del precioso líquido verde claro.

—¡Puaj! Gaby, no voy a decir mentiras.

:(

Imprudente

Gaby y Saúl están en la sala de cine viendo Amor sin escalas, entonces Saúl pregunta en voz baja:

—¿Puedo aventar palomitas?

—No. —dice Gaby mirándolo extrañada.

—Ándale ¿sí? —insiste Saúl.

—Bueno, sólo si la película se pone aburrida.

Menos de tres minutos después:

—¿Ya?

De tomar decisiones importantes

Mis primos Fernanda y Pablo llenan su solicitud para el examen de ingreso a la universidad. Fernanda ha acabado de llenar la forma y espera pacientemente a Pablo, éste se detiene a la hora de elegir la carrera y dice suspirando:

—No sé que estudiar.

—Ay Pablo, no inventes.—responde Fernanda sorprendida.

—No, de veras no sé, ¿cómo de qué tengo cara?

—Pues… tienes cara como de administrador.

—Bueno, Administración, allá vamos.

O.O

Súper manchado

Isela a Gaby:

—¿Qué hay debajo de las piedras?

—¿Polvo?

—No, haitianos.

Kike a Gaby:

—¿Por qué ya no es posible llevar imanes cuando juega el América?

—Yo qué sé.

—Porque juega el Cabañas*.

*Jugador de fútbol del club América que fue baleado en la cabeza y cuya bala no se pudo extraer, al parecer se quedará con ella dos años :S

29 enero, 2010

La bola de estambre

Tengo una bola de estambre por dentro que me oprime el pecho. La forman dos hilos largos y gruesos, uno azul y el otro gris. Es una bola grande, cerca del corazón y cada que late me duele un poco. ¿Alguna vez se han sentido brutalmente felices y tristes al mismo tiempo? Así me siento yo.

El hilo azul representa mi felicidad. Es tan largo como los kilómetros que he caminado toda mi vida y es tan grueso como sólo puede serlo la felicidad. Va de mis pies a mi cabeza y de mi cabeza a mis pies, y de nuevo de mis pies a mi cabeza, y otra vez de mi cabeza a mis pies. Rellena los huecos cerebrales. Y rellena también los huecos entre las articulaciones. Me gusta ese hilo azul. A veces se pone de acuerdo con mis venas y no se distingue, pero sé que lo tengo ahí adentro.

El hilo gris, en cambio, representa la tristeza. Quisiera que no fuera tan largo como el azul, pero lo es, espero que en menor medida. Es denso y pesado. En el pasado tapó mis vías respiratorias y estuve a punto de asfixiarme. También, en lugar de rellenar, él enreda. Enreda mis neuronas y mis venas. Me enreda. Es gris y se ve. Es gris y me pone triste. Es gris y creció hoy.

Sin embargo, el azul no cedió. Cuando el gris quiso invadir la parte de mis pies, el azul lo corrió, y luego comenzaron a jugar una especie de correteadas por mis venas. Me oprimían ambos. Tenía ganas de llorar. Muchas, a decir verdad. ¿Por qué no sólo uno se expandía por mí? ¿Por qué a fuerzas los dos? Si sólo fuera el azul yo sería inmensamente feliz, tendría una sonrisa enorme. Si sólo fuera el gris no me hubiera preocupado de llorar a más no poder.

Pero eran los dos. Los dos se fueron tejiendo por mi cuerpo. Me di cuenta. Porque estaba feliz, pero triste. Me di cuenta porque aunque tenía ganas de llorar mis ojos no dejaron salir ni una lágrima. Es frustrante. Se mezclaron en mi sangre, y tuve miedo de que se volvieran de otro color y de que yo fuera incapaz de distinguir la tristeza de la felicidad.

Se encontraron en mi pecho, lo oprimen. Mis latidos hacen que me duela. Se siente como nudo en la garganta, pero en el pecho. Tengo un nudo en el pecho. Un nudo de una bola de estambre. Ahora me arrepiento de no haber aprendido a tejer cuando era pequeña, quizás así podría agarrar a los dos con una aguja de esas grandes, y podría hacer una bufanda que me cubriera en el próximo invierno.

Y es más, podría deshacerme de ambos hilos, podría sacarlos de mi cuerpo y sentir la tristeza y la felicidad como las suele sentir la gente. Porque ahora siento que todo es un enredo en mi interior, me hace débil y las lágrimas no salen. Esa es la verdad. Estoy feliz, pero triste. Odio esa bola de estambre. ¿Alguien sabe cómo puedo desenredarla? Siento que no voy a ser capaz de quitarla antes de que sea febrero.

27 enero, 2010

Viaje al centro de la tierra

verne-2

Yo soy la mano de Axel. Sí, de ese Axel temeroso que no quiere aventurarse al centro de la tierra. Yo soy sus dedos repasando el manuscrito. Sus ideas queriendo irse de su cabeza. Soy su desesperación por quedarse enterrado a cientos de leguas debajo de la tierra. Rayos, el sol da de lleno en mi cara, las neuronas me jalaron del granito del túnel subterráneo para llevarme al asiento trasero del automóvil de mi padre.

Ya no había leído. Ahora las letras me piden incesantes que las pase por mis ojos antes de cerrar el libro. Despido a mi jardín con una mirada, recuesto mi cabeza lo mejor posible y continuo leyendo, dejo que las palabras se adueñen de mi cabeza. De nuevo soy Axel. Soy los ojos de Axel, aquellos que miran cosas inexplicables debajo de este suelo que piso a diario. Oigo perfectamente cuando el tío Lidenbrock marca la cifra del barómetro, ya casi llegamos a las 30 leguas debajo del suelo. Me asfixio.

—Los profesores de hoy en día no saben enseñar.—oigo sin mucho ánimo cuando mis padres conversan frente a mí. —¿De qué les sirve tener maestría y doctorado si no saben manejar un grupo?

Pienso en el profesor Lidenbrock, sus alumnos se burlaban de él porque no podía pronunciar palabras difíciles, ya lo veía yo tratando de querer decir “parangaricutirimícuaro”, al profesor Lidenbrock no le interesaba mucho dar clases, prefería adentrarse al conocimiento, saber más, siempre más, pero sólo acerca de su área de estudio: la geología, la mineralogía, y cosas de ese estilo. Me siento ignorante, la última materia que llevé sobre ciencias de la tierra fue hace mucho, se llamaba… ni recuerdo el nombre, así que no comparto el mismo entusiasmo cuando Axel se esfuerza en describir  las paredes del túnel que pisa.

—¡Gaby! ¿Por qué no contestas? ¿Dónde estás?—pregunta mi padre mirándome por el espejo retrovisor.

—Ando debajo del Atlántico.—respondo con una sonrisa.

—No te me vayas a ahogar, ya deja de leer en el auto, tus ojos se van a echar a perder.

Es verdad. Fuerzo demasiado la vista. Me quedaré ciega pronto. Casi como Axel al descomponer su linterna, la oscuridad se lo traga, me traga a mí con él, sin ver nada, sin oír nada, solo, para siempre completamente solo a tantos kilómetros debajo de la tierra. Es frustrante…

Imposible pintar mi desesperación. No hay palabras en ningún idioma del mundo para expresar mis sentimientos. Me hallaba enterrado vivo, con la perspectiva de morir de hambre y de sed. […] ¡Sí! ¡perdido a una profundidad que me parecía inconmensurable! ¡Aquellas treinta leguas de corteza terrestre gravitaban sobre mis espaldas con un peso terrible! Sentíame aplastado.

Una de las cosas que más me gusta de leer es que el tiempo se te desplaza por percepción, es decir, yo viví más de dos meses la aventura de viajar al centro de la tierra, cuando en mi realidad pasaron solamente unos cuantos días. Esto me recuerda a Narnia, ¿sería esa la enseñanza de C. S. Lewis?

Como sea, el libro Viaje al centro de la tierra del genial Julio Verne es sumamente entretenido, yo lo recomiendo ampliamente para quien quiere sonreír varias veces durante la lectura y, claro, si quieren sentir sobre sus espaldas el peso de todos los países, ser lanzados por un volcán o remar en un mar subterráneo. El padre de Verne decía que su hijo era un loco, que decía incoherencias y ya no sabía qué hacer con él. Vientos por Verne, que contagia su locura a los lectores.

Notas:

He aquí dos artículos muy interesantes que vale la pena leer y reflexionar:

  • El escritor Francisco Ramírez, que por cierto busca trabajo, responde de una manera acertada los cuestionamientos que hace el PAN respecto al matrimonio homosexual, su artículo se llama Respondiendo algunas preguntas…
  • En el número de este mes de la revista Letras Libres se puede leer el ensayo de Guillermo Sheridan titulado La biblia de José Saramago que, precisamente, está enfocado a hablar de la nueva controversia literaria de este escritor portugués, el libro se llama Caín y, según la iglesia, es impropio como las caricaturas de Pokemón.