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Crecer

Crecer. Siempre te dicen que un día vas a crecer y todo en tu vida va a cambiar. Que tendrás que hacerte responsable, tendrás que aprender a tomar tus propias decisiones, tendrás que trabajar para que con el sudor de tu frente puedas ganarte el alimento de cada día. Te dicen que debes estudiar mucho, que debes prosperar, para que tu situación económica sea mejor que la de tus padres y puedas ofrecer una mejor vida a tus hijos.

Algún día te casarás, formarás una familia, debes procurar no divorciarte, pero si sucede… pues ya que. Debes viajar, intentar conocer otras perspectivas. Nunca debes decaer. Tienes que ser un adulto ejemplar y tener una vida ejemplar y así, cuando te mueras, mueras feliz por todo lo que has hecho en la vida.

No sé cuántas personas han logrado en realidad todo eso que quieren. Cuántas han salido de la clase “media” o “baja” para llegar a la “alta”. Sé que existen. No lo dudo. Pero creo que son realmente pocas. Cuando iba en la secundaria y me preguntaban qué quería de mi vida, siempre respondía que iba a ser una persona realmente importante, saldría en los programas culturales de la tv, daría conferencias alrededor del mundo y podría tener un buen sueldo. Sueñas demasiado, me decían, no anheles tanto porque la decepción puede amargarte la vida.

Mi profesora de Historia Universal en el CCH decía que es casi imposible que las personas asciendan de clase social. Si naciste en la clase media, crecerás en la clase media y morirás en la clase media, todos intentan salir, pero créanme, es la lucha más estúpida que alguien puede realizar. Todas esas cosas me habían decepcionado. Sin embargo nunca dejé de lado mi meta.

Yo creo en aquella frase que dice “Lucha siempre por lo más grande y realizarás cosas grandiosas”. Hace un año comencé a estudiar mi Licenciatura y me mudé de casa. Mamá estaba destrozada, me extrañaba mucho. Mis abuelos no entendían por qué me afanaba tanto en ir a la ciudad, si había escuelas más cercanas, ¿Para qué? Todo está tan degradado allá. Pero luego descubres que la degradación no está sólo en la ciudad. Abunda en el mundo entero. Tú mismo te degradas en algún tiempo de tu vida. Y ¿degradación? ¿Qué rayos es eso?

Estas vacaciones han sido realmente difíciles. Cuando me fui a Coyoacán mi mamá se había mudado a mi habitación, decía que así me extrañaría menos. Hoy, cuando me levanté, descubrí que se había cambiado de nuevo a su antigua recámara.

—¿Por qué se está saliendo de mi cuarto? —pregunté (sí, yo hablo de usted a mis papás).

—Bueno… ya aprendí a no extrañarte… y me di cuenta que ya creciste… creo que es hora de dar el siguiente paso.

—¿Y cuál es el siguiente paso?

—Aceptar que aunque ésta siempre será tu casa tú tienes otros planes en mente, nunca volverás a ser esa niña que todo el día estaba aquí.

Tal vez. Sólo tal vez, me hubiera reservado aquello de que no planeo regresar las próximas vacaciones. No les hubiera hablado con detalle de mis planes a futuro. No hubiera mencionado de nuevo mis ganas de obtener la beca al extranjero. No les hubiera pedido que confiaran en mí. Porque duele que piensen que has crecido… cuando tú ni siquiera te habías dado cuenta del cambio.

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