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No podrás escribir nada

“No podrás escribir nada”

“No podrás escribir nada”

“No podrás escribir nada”

El hombre arranca la hoja de papel, sus dedos lo presionan con fuerza y lo lanzan al cesto de basura. Es la clásica imagen de alguien que no sabe qué escribir, o si lo sabe, pero no le gusta cómo suena.

Una taza de café.

Otra.

Cigarrillo.

Hasta un poco de marihuana.

Todo en balde.

“No podrás escribir nada”

“No podrás escribir nada”

Se lleva las manos a la cabeza y jala con fuerza sus cabellos. Prende el radio, aumenta el sonido. Nada funciona. Julio es un mes frustrante. Frustrante. Realmente frustrante. Trata de describir a julio en la hoja de papel, las líneas lo apedrean mientras le gritan sin recato:

“¡No podrás escribir nada!”

Estas líneas me dicen que no podré escribir nada, pero ya lo estoy haciendo y eso cuenta ¿no? ¿Verdad que sí cuenta? ¿Verdad? Sigo escribiendo y escucho claramente cómo me gritan:

¡No podrás escribir nada!

Tal vez debería creerles, porque ya me dio hambre y tengo sueño… además sobró café y esa cannabis ¿quién se la terminará? Ni modos de dejarla solita… tal vez deba dejar de hacer esto, la inspiración falla hoy… sí, eso es, la inspiración se fue…

Se fue con ella…

Ella…

¿Realmente la volveré a ver?

El hombre deja en paz el papel. Se sirve otra taza de café, abre un libro. Tal vez sea cierto, hoy no podrá escribir nada. Y la frase adorna el silencio. Triunfante.

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