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De cómo ha sido enero

Inmensamente triste

Año nuevo, vida nueva. Eso dicen. Y la frase se abalanzó con todo su poder sobre la familia. En medio de lágrimas por la reciente muerte de Pamela se dieron el abrazo diciendo muy poco. Aún vivían. Aún respiraban. Gabriela no había experimentado esa tristeza y menos en año nuevo, esa que se guarda en el pecho y destroza todas las palabras en la garganta convirtiéndolas en lágrimas. Esa tristeza que deja al descubierto el gran amor que se tiene a la familia, que saca quién sabe de dónde la fortaleza para seguir luchando. Esa tristeza inmensa. Inmensa de verdad.

:(

 

Apodable

Gaby tiene un primo de nueve años que se llama Ismael. Durante todo el duelo de Pamela los tíos y los demás primos lo llamaban España. Gaby no entendía por qué. “España, haz esto”, “España, ve para allá”, “España, ven para acá”.

—¡Ya! ¿Por qué le dicen España? —preguntó Gaby, feliz de que el misterio sería resuelto.

—Porque es pañalero.

¬¬

 

Graciosamente confuso

En uno de los rosarios de Pamela se ofrecieron tamales. Gaby decidió ayudar a hacerlos y llegó muy campante a las once de la mañana. La masa de los tamales de dulce ya estaba preparada. Sabía riquísima. Tío Ramón la había hecho con una receta especial que incluía nueces, pasas, lechera, cerezas, mango, piña, entre otras cosas deliciosas. “A mi hija le gustaban mucho”, dijo y Gaby sintió de nuevo ganas de llorar. Volvió a probar la masa, estaba deliciosa. Se dedicó a ayudar, pero cada que podía escapar de la vista de todos, iba a probar un poco más. “Tal vez me duela la panza, pero no me importa”, pensaba muy alegremente mientras se deleitaba una y otra vez con la masa cruda. En una de esas su abuelita salió de la cocina y gritó con voz potente:

—¡Voy a creer! ¡Quita tu hocico de ahí!

Gaby se puso blanca del miedo. Quitó su mano rápidamente del recipiente y ya estaba preparando la excusa perfecta cuando su abuelita agregó:

—Ay Gaby, pégale al perro, está lamiendo los trastes sucios.

—Ah, sí abuelita, ¡PERRO!

xD

 

De escribir mucho y sin parar

Viendo que se podía morir en cualquier momento, Gabriela decidió tomarse más en serio sus objetivos. El principal reto de este 2012 es terminar la novela que lleva en su cabeza más de diez años. Gaby sabe que no puede morir sin antes haberla escrito. Así que se sentó a escribir y para estas fechas ya está cerca de terminar el capítulo dos. Confía en que el regreso a la escuela no sea un impedimento para seguir escribiendo como loquita.

:)

 

Alegremente cansado

Gabriela, Fernanda, tía Juanita y Raúl fueron de compras al DF. Al famoso mercado de La Merced. Luego de varias horas de caminar y de haber comprado lo que necesitaban decidieron tomar el metro para dirigirse a la central del norte. En la estación Hidalgo era hora pico. Montones de gente salían de todas partes y todas querían entrar en los vagones. ¡Imposible! A las cuatro personas ya les dolían los pies y sólo querían trasladarse a La Raza. Pero no se podía. Siempre que llegaba un nuevo tren se quedaban fuera.

—Ya nos vamos en el que viene. —dijo tía Juanita. —Los que puedan subir nos esperan en La Raza.

Entonces llegó el tren. Gaby tomó con fuerza su bolsa y en cuanto se abrieron las puertas entró empujando a todos y logró estar a salvo. Fernanda también pudo hacerlo. Casi no se podía respirar y sólo había hombres por todas partes. Altos, muy altos, o eso le parecieron a Gaby. No hacía falta sujetarse de ningún lado porque iban tan apretados que aunque el metro iba en curva nadie se caía.

—¿Estás ahí, Gaby? —preguntó Fernanda.

—Sí, todavía existo, ¿y tú?

—También.

Cuando bajaron en La Raza se soltaron a reír. Tía Juanita y Raúl llegaron dos trenes después. Sofocados, cansados y alegres.

—¡Voy a creer! ¡Por dónde me traen ustedes! —exclamó tía Juanita y luego agregó con una sonrisa: —Ay, fue muy divertido.

:D

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