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Los estragos amorosos de febrero

Accidente

La tía Felisa era una anciana muy activa. Caminaba todo el tiempo, realizaba todas las tareas del hogar, era muy parlanchina. Toda la familia la adoraba porque era de esas abuelitas que hacen sentir bien a todos; dura de carácter, pero de enorme corazón. Esa mañana salió tan presurosa como siempre a comprar el mandado. Cruzó la calle y…

una autobús la atropelló. El camión se perdió de vista y Felisa quedó tirada en la calle. La gente se quedó pasmada. La familia se asomó para ver por qué había tanto alboroto, ya se imaginará la terrible situación. Gritos, llanto y dolor, de nuevo. La muerte siempre está presente, siempre.

Triste

Balazo

Mientras unos estaban en los rosarios de la tía Felisa, a otros se les ocurrió asaltar la tienda de la familia. Tomaron lo más que pudieron y salieron pensando que nadie se fijaría en ellos. Pero sí se fijaron. Mientras un tío trataba de detenerlos, uno de los ladrones sacó una pistola y disparó al azar…

la bala fue a dar al pie de un primo. Se hizo la conmoción porque la gente ya estaba saliendo del rosario. Gritos, llanto y dolor, de nuevo. Los ladrones huyeron dejando un sentimiento de impotencia terrible. Mi primo está bien, al menos.

Confundido

Óscar

Mi amigo Óscar fue felizmente a la escuela como todos los días. El buen humor que siempre lo acompañaba no le falló ese día. Rió un par de veces y asistió a sus clases. Pero de pronto se sintió mal y tuvo que ir al baño. Ahí…

se desvaneció. Sus compañeros lo encontraron tirado en el suelo. Rápidamente lo llevaron al hospital y los doctores determinaron que ya no podía hacerse nada más por él. Tuvo un derrame cerebral. Óscar murió. El impacto fue brutal porque él era una persona llena de vida. Gritos, llanto y dolor, de nuevo. La muerte no sólo siempre está presente, es lo inevitable.

Llorón

Benévolo

Gabriela iba muy abstraída en sus pensamientos. Volvía del funeral de Óscar y a su cabeza no acudían nada más que recuerdos con él. La tristeza acumulada desde la muerte de Pamela le quemaba el pecho. Iba en la combi y no quería soltarse a llorar ahí. Pronto llegó a la parada y bajó rápidamente. Quería llegar pronto a casa cuando…

descubrió que no llevaba la cartera. Lo único que le faltaba, la había perdido. Se encogió de hombros y caminó a casa. Su madre la regañó por el descuido, pero ella no tenía ánimos de réplica alguna. Ya no le sorprendía que le pasaran ese tipo de cosas. Lloró un rato y luego preparó su maleta para volver al departamento. Su padre la llevó a la parada y en el camino…

su hermano le habló por celular. Le dijo que unas personas muy pobres habían ido a dejar la cartera. Que llegaron hasta allí guiándose con la credencial de elector. No habían tomado nada y la cartera estaba intacta. Su hermano le dijo tonta un par de veces, pero estaba contento. Cuando colgó Gaby entendió que mientras le llegaba la muerte tenía que reconocer que después de todo era muy afortunada y que tenía que seguir viviendo alegremente.

Mes de la amistad

  • Vi a todos mis amigos del CCH en el funeral de Óscar. Nada como saber que la amistad perdura a pesar del tiempo y la distancia. Cantamos mucho y recordamos todos los buenos momentos que pasamos juntos. Óscar nos enseñó tanto y también nos brindó consuelo. La muerte inevitable y siempre presente es nuestro fin y nuestro principio.
  • Siempre he sabido que quiero mucho a David y a Tere, pero durante esos días, mientras el corazón se nos encogía por la tristeza, entendí que los amaba. Por eso, ese domingo en que volvimos al departamento luego del funeral, me di cuenta que de verdad estaba inmensamente feliz por compartir mi tiempo y espacio con ellos. Mientras Tere y César jugaban en la sala, David y yo nos reímos en la habitación de los ruidos que ellos ocasionaban. Nada como la risa con los amigos-hermanos en los momentos más dolorosos.
  • Es difícil explicar lo que siento cuando platico con Fernanda. Ella es capaz de construir mundos enteros con sus charlas. Uno se pierde como en una película. No sólo somos primas, somos amigas y, además, somos hermanas. Ese día lloramos un poco porque la vida se muestra como el mar, indomable y maravillosa.
  • Cecilia fue a quedarse un día al departamento. Estaba muy emocionada contándome todo acerca de las Relaciones Internacionales mientras yo escombraba mi ropa. “No entiendo nada de economía”, dije con tono infantil. Ella me miró y trató de explicarme: “Pues en México la economía abarca de…” “¡Mira, tengo otro vestido!”, exclamé de pronto tomando la prenda y mostrándosela con una sonrisa radiante. Alguien que te tolera cuando no le pones atención y que además está ahí para consolarte debe conservarse para toda la vida.
  • Tenía varios meses que no veía a Vladimir. Ese día me invitó a conocer a unos surcoreanos, así que fuimos. Ha sido una de las experiencias más extrañas de mi vida. Conocí a gente de ojos rasgados que constantemente decían que su casa era nuestra casa. Nos invitaron a comer y platicamos fluidamente de las supersticiones en Asia y en México. Me gusta mucho estar con una persona que está dispuesta a mostrarme los rumbos más insospechados del mundo.
  • Un lunes, Eleonora, César (otro César, hermano de Eleonora) y yo fuimos a CCH Sur a convencer a los estudiantes de bachillerato a que estudiaran Letras Clásicas. Los tres hablamos de las maravillas de estudiar esta licenciatura y transmitimos nuestro amor a la carrera a los jóvenes preparatorianos. Cuando volvimos nos quedamos en el departamento a ver una película. Nada como conocer a personas que aman, al igual que tú, lo que estudian y que además se regalan tiempo para sonreír y pasar momentos agradables.
  • El martes se me olvidaron las llaves del departamento, así que fui con Damián al metro para matar tiempo. Decidimos contar pares de zapatos, yo rojos y él azules. Luego de una hora yo logré contabilizar 35 pares y Damián 32. Una persona que está dispuesta a pasar una hora contigo sin hacer nada productivo y que sigue tus ideas locas, es definitivamente alguien a quien no debes perder.
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