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El príncipe vino de noche

Hoy soñé con el príncipe. Al tratar de esconderse de mi familia (porque resulta que se había colado de noche a mi casa), tropezaba con los muebles y me sonreía a modo de disculpa. Yo lo observaba con emoción: ¡El príncipe vino a verme! ¡DE NOCHE! Me escondía con él en un rincón que hay entre el sofá y la ventana. Me acurrucaba en sus brazos y él me llenaba de besos el rostro. Su voz danzaba frente a mí, antes de extenderse por mi piel como un bálsamo contra las malas jornadas: Te quiero, mi Abrilita, mi niña hermosa. Yo cerraba los ojos remontándome a los años en que era una niña y mi papá me arrullaba para dormir. ¿Por qué has venido?, le preguntaba, todavía sorprendida porque había venido DE NOCHE a mi casa. Quería verte, mi novia preciosa. Y el príncipe cerraba los ojos mientras acariciaba mi mejilla con su mejilla. Viniste DE NOCHE, insistí. Porque si estamos juntos amanece más rápido, respondió dándome un beso en los labios.

Entonces desperté.

El príncipe está en Guerrero. Odio la paranoia que me he creado con esta realidad lacerante. Tomo este sueño como mi amuleto.

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