08 enero, 2016

Un día a la vez

Sí, lo confieso, me encanta el tiempo y por eso me lo como a montones. Me gusta, sobre todo, el futuro. Tiene un sabor delicioso, pues sabe justo a lo que quiero. También me gusta el pasado, aunque a veces me sabe amargo, a veces es demasiado dulce, depende de mi ánimo. Pero el futuro, ese siempre tiene el sabor perfecto.

Comer demasiado futuro tiene sus consecuencias... porque al final sé que no me como nada. Y es terrible porque lo sé y me sigue encantando.

Estos meses he aprendido que demasiado futuro indigesta.

Como cualquier droga, requiero alejarme de él por un tiempo.
Poco a poco.
Un día a la vez, sólo mi dosis necesaria de minutos y horas adelantadas. No más.

Hace daño.
Demasiado.
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