03 febrero, 2014

Nuestro cliché

Había una vez un “nosotros” que fue desgastándose hasta convertirse en la historia más aburrida jamás contada por nadie. Te pusiste todo loco, lo recuerdo bien. Tenemos que hacer algo, decías, me niego a que nuestro final sea un cliché.

Te di la razón, así que arrojé todas tus cosas por la ventana. Sonreíste. Saliste corriendo a la calle y le decías a todo el que pasaba mientras recogías tus cosas: Mi esposa es una completa lunática, la adoro. Luego gritase: Hey, cariño, aviéntame también el traje caro, no queremos que nada mío quede ahí adentro. Lo lancé. Vea, le decías al que pasaba, es una lindura.

Luego ya no te dejé entrar y esperaste paciente, mientras ordenabas tus calcetines y leías algunos pasajes de algunos de tus libros, sentado en la banqueta. La vecina de enfrente te ofreció café, que aceptaste de buena gana. A las ocho te pusiste un abrigo. Diste monedas a los niños que te preguntaron por qué estabas afuera. Mi esposa es una mujer muy ocurrente, creyó que necesitaba vivir un tiempo fuera, dijiste y ellos se rieron.

Yo te miraba desde la ventana y cuando descubriste mis ojos curiosos me mandaste un beso. ¡Eso es muy cliché!,te grité metiéndome furiosa.

A medianoche tocaste la puerta. Te pedí que hablaras antes de que yo la abriera. No quiero que sea el final, dijiste con voz muy seria. Yo tampoco, admití.

Y te abrí la puerta y me abrazaste, metimos todas las cosas riendo como locos y luego… bueno, supongo que tuvimos nuestro cliché.

01 febrero, 2014

Revelar secretos

La niña conoció el poder y la magia de la palabra, que no son lo mismo. Dios creó el mundo por medio de la palabra, eso es poder. El humano puede hacer todo lo que se proponga si tiene los pensamientos adecuados que después se convertirán en acciones, eso es magia. Esa niña tenía poder y tenía magia. La palabra era su herramienta y por eso, a edad tan temprana, destrozó su mundo sin darse cuenta. Poder y magia en manos inocentes pueden llegar al triple de su capacidad que sin una madurez puede salirse de control. Madurar, palabra dura porque duele llegar a eso.

La niña descubrió que un secreto era un poder magnífico y que, al revelarlo, podía conseguir más cosas que con una palabra, digamos, corriente.

Entonces ella reveló muchos secretos. Y, por supuesto, cosas magníficas sucedieron. Pero la gente de su pueblo se fue marchitando hasta que solamente quedó ella. El olor acre de las flores podridas inundó su entorno y ella estuvo a punto de volverse loca, descubrió entonces que las palabras reveladas no podían volver a esconderse.

Las palabras corrientes podían ir y venir. Las palabras secretas no.

Ella reveló su nombre, el último secreto que le quedaba y que ya no tenía chiste guardar. Y mientras lo decía se fue secando como las ramitas en invierno hasta que al sentarse a llorar se rompió en mil pedacitos.

31 enero, 2014

Anita cadáver

Inspirado en el capítulo XLVII de Oliver Twist de Charles Dickens


Algo inusitado me ocurre. Soy un asco. Tengo mil flores en mi cuerpo y todas se han marchitado. Apesto. El olor que desprendo aleja todos los caminos de mí, veo cómo se retuercen las veredas con tal de que mis pies no las toquen. Así lo veo. Y envuelta en esa fragancia marchito también todo lo que piso. La maldición de Midas, pero aún peor, porque ni siquiera podré ver el brillo de las cosas una vez más. Putrefacta convierto al silencio en miseria y sigo rodeándome de cosas nefastas. Morí. Perdí la cuenta del número de golpes que él me dio cuando llegué a veinticinco. Fue Guillermo Sikes, el violento Guillermo Sikes. Ahora no puedo subir ni puedo bajar, estoy suspendida en este mundo lleno de dolor. Es mi castigo por haber negado la ayuda que aquellos ojos puros me ofrecieron. ¡Si hubiera sabido que la muerte me estaba esperando ansiosa, sedienta de mi sangre! Siento que me asfixio. Moriré mil veces antes de poder anhelar una salvación. A menos que... ¡oh, criatura del cielo, bendita seas! El pañuelo sigue en mis manos, el pañuelo blanco y puro que ofrezco ahora mismo al cielo rogando por el perdón. ¡A ti te lo ofrezco, cielo santo, yo que fui Anita y que ahora soy un cadáver!