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Intervención sandresca

—¿Y a ti quién te gusta? —me preguntó Sandra, una amiga que iba en el salón de Humberto. Era la hora del receso y estábamos sentadas cerca de la cancha de fútbol viendo cómo jugaban nuestros compañeros.

—¿Quién me gusta? Pues… —dije dudando por un momento si sería buena idea revelar mi pequeño secreto.

—Anda dime… y yo te digo quién me gusta… —insistió Sandra.

—Bueno… pues… me gusta el portero… —y señalé hacia Humberto. Sandra se llevó una mano a la boca, luego me miró incrédula y preguntó de nuevo:

—¿Humberto? ¿En serio?

—Sí… ¿por qué?

—No, por nada… pero ya sabes, tiene fama de ser un grosero y un peleonero… ¿en serio te gusta? ¿Aunque todos los días se agarre a golpes con alguien?

—Pues… sí… es mi amigo.

—Yo lo conozco desde chiquita, ya sabes, mi mamá y su mamá son amigas… si quieres le puedo insinuar que tú quieres con él…

—¡No cómo crees! Yo todavía no pienso en novios… (ajaaaaaa xD)

Sandra no insistió, me dio referencias del chico que le gustaba y luego regresamos a nuestros salones. Pero me dejó pensando, era cierto todo lo que ella había dicho. Humberto era el niño que todo lo resolvía a golpes… los maestros siempre lo regañaban, algunos niños hasta le tenían miedo… pensé en eso todo el resto del día… y descubrí que todas las peleas que yo le conocía estaban justificadas.

Una vez, por ejemplo, le pegó a un compañero porque éste le había quitado el desayuno a una niña de primer grado. Otra vez se agarró a golpes en la calle porque otros habían insultado a su mamá. Y no se me olvidaba aquella vez que le había pegado al sujeto que me tiró por las escaleras… sí… era un hecho… Humberto me gustaba.

La hora de la salida llegó pronto. Siempre me iba corriendo a mi casa porque llegaba a ver Sakura Card’s Captor. Pero ese día sacrifiqué la repetición del capítulo trece sólo para quedarme a platicar con Sandra… tal vez en el fondo… muuuuy en el fondo… yo ya pensaba en novios…

Pronto salió el otro grupo. Sandra me vio y antes de que yo le dijera alguna palabra ella se acercó a mí con una sonrisa en el rostro y me dijo emocionada:

—¡Le gustas a Humberto!

Le pedí que bajara la voz y entonces me contó con lujo de detalles cómo le había sacado la sopa. Al parecer sólo le había iniciado una plática acerca de mí y antes de que Humberto pudiera darse cuenta, él mismo se había delatado hablando maravillas de mi persona. Yo tenía una amplia sonrisa en el rostro, estaba completamente emocionada, eso de las mariposas en el estómago (frase trillada, pero cierta) se aplicó en mí… me desconecté del mundo… y entonces la voz de Sandra me regresó a la realidad.

—¿Entonces?

—¿Entonces qué?

—¿Cuándo quieres que se te declare?

—¡¿Qué?!

Continuará…

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