03 septiembre, 2010

Súbete a mi bicicleta

Yo le dije a Sandra que aún no era momento de tener novio, pero una semana después de que hablé con ella me hizo reunirme con Humberto en la cancha de fútbol. Él estaba sumamente nervioso y jugueteaba con su balón. Yo no sabía qué decir. El silencio era algo insoportable… entonces él habló:

—Pues ya sabes, ¿no?

—¿Saber qué? —respondí ingenuamente.

—Bueno ya, es que… —en ese momento dejó el balón de lado, me miró a los ojos y con voz firme me preguntó: —¿Quieres… ser… mi novia?

Ahí estaba la famosa pregunta. No era la primera vez que me la hacían, pero sí era la primera en que me paralizaba por completo, todos los efectos habidos y por haber se manifestaron en mí… manos sudadas, latidos a mil por hora, lengua trabada…

—¿Qué dices? —preguntó él luego de que vio que me había quedado completamente muda.

—No sé… te digo a la hora de la salida. —y me eché a correr a mi salón.

 

Cuando la chicharra anunció el fin de las clases, “El pelos de elote” (un amigo de mi salón que era rubio) me dijo:

—Gaby… ¿apoco andas con Humberto?

—¿Por qué? —solté sin querer.

—Bueno, es que… creo que te está esperando…

Volteé enseguida hacia la puerta. Ahí estaba Humberto con su bicicleta. Me acerqué.

—Vamos, súbete a mi bicicleta. —me dijo señalando los diablitos.

—¿Qué? ¿Para qué? —pregunté con nerviosismo.

—Te voy a ir a dejar a tu casa.

—¿En serio? —la idea me parecía genial, por fin no tendría que irme corriendo para llegar a ver la repetición del capítulo diecinueve de Sakura Card’s Captor. Así que me subí a su bicicleta.

En el camino, sujeta de sus hombros, me di cuenta que era uno de los días más felices de mi vida (hasta ese día). De pronto él me preguntó:

—¿Y cuántos novios has tenido?

—¿Yo? Ninguno.

—No te creo.

—En serio, no he tenido ninguno, ¿tú cuántas has tenido?

—Una…

—¿Sí? Y… ¿puedo saber cómo se llama?

—Se llama Gabriela.

—Igual que yo.

—Es que eres tú…

Justo en ese momento llegamos a mi casa.

—Ni siquiera te he dado mi respuesta, ¿cómo sabes que diré que sí? —pregunté a modo de desafío.

—¿Dirás que no? —preguntó con tono preocupado.

—No…

—¿Entonces?

Me quedé un momento callada. Lo miré. De verdad me gustaba. Creo que me puse roja y luego le dije:

—Sí… sí quiero ser tu novia…

Él sonrió ampliamente, bajó de la bicicleta e iba a comenzar a hablar cuando miré el reloj, ¡ya eran las 12:35 pm! Entonces solté de repente:

—Mañana hablamos ¿va? ¡es que ya empezó Sakura!

Y entré corriendo a mi casa.

 

xD

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Para comprender mejor el post, recomiendo leer las partes anteriores:

1 Humberto odioso-grosero-guardián

2 Intervención sandresca

En el próximo post la cuarta y última parte de la historia con Humberto. Saludos :)

30 agosto, 2010

Así ha sido agosto

De no tan buenas impresiones…

Gaby acompaña a su madre al Distrito Federal. Abordan juntas la combi, son como las seis de la mañana y Gaby muere de sueño. Así que una vez en el vehículo no duda en dormitar algunos minutos. A pesar de ir medio adormilada observa de reojo a los demás pasajeros, no reconoce a nadie…

Horas después, ya de regreso a Coyotepec, su madre le hace la plática.

—¿No viste al papá de Saúl? (Para quien aún no lo sepa, Saúl es el novio de Gaby <3)

—¿Dónde? —pregunta Gaby totalmente nerviosa volteando a todos lados, si anda por ahí tiene que saludarlo… ya saben… siempre es mejor causar buenas impresiones..

—En la mañana… en la combi…

—¡¿En la combi?!

—Sí… iba sentado frente a ti…

—¡¿Qué?! —Gaby no puede creerlo. Ni siquiera notó la existencia del papá de Saúl… ahora tiene que replantearse eso de causar buenas impresiones…

:S

Despistado

Gaby, Tere y Lety (hermana de Tere) vienen platicando en el tren suburbano. Gaby sostiene el celular en las manos porque no tiene bolsas para guardarlo. Eso no es ningún impedimento para que se enfrasque por completo en la charla. Pronto la grabación resuena en los vagones del suburbano: “Próxima estación Buenavista, ningún pasajero debe permanecer abordo”.

Las tres chicas se ponen de pie para salir. Gaby es la última… de pronto se acuerda del celular, ¡no lo tiene en las manos!, se regresa al asiento… ¡no está! Todos ya han salido, se mueve con brusquedad tratando de hallar el aparato y entonces oye un ruido seco… algo se ha caído de su mochila y fue a dar… ¡a las vías! Entonces el sonido de cierre de puertas comienza a escucharse, sale del vagón y se asoma a las vías… todo está completamente oscuro…

—¿Qué pasó? .—pregunta Tere al notar que Gaby está hincada al lado del vagón.

—Creo que mi cel se cayó a las vías…

—¿Qué? A ver espera, vamos a marcar.

Mientras Tere marca con su celular el número de Gaby, ella se pone a pensar en cómo hará para convencer a todos de mover el suburbano y poder recuperar su celular. Entonces comienza a sonar la musiquita, Gaby espera ver la luz de la pantallita en las vías… pero en lugar de eso siente cómo vibra su espalda…

—Gaby… ¿qué no te acuerdas que mientras platicábamos metiste el celular en la mochila? —dice Lety.

—¿Ah sí? Pequeño detalle…

(Nunca supe qué rayos fue lo que se cayó a las vías…)

:P

Pepsimanesco

Tere juega Pepsiman en el PlayStation que trajo David al departamento. Gaby sólo la observa. Después de varios minutos ambas descubren que Tere no ha podido pasar el nivel de los búfalos (es como el nivel 7 u 8 del juego, quién sabe…).

Gaby piensa que Tere desistirá pronto, pero pasan más minutos y Tere sigue intentando. Se ha repetido tantas veces el Game Over en la pantalla que Gaby se pregunta si es buena idea decirle a Tere que desista… sin embargo la chica insiste con el control entre sus manos… luego de un rato más declara a Gaby:

—Pepsiman es como el cálculo.

—¿Por qué lo dices?

—Puedes reprobar y reprobar y siempre podrás volver a cursarlo hasta que lo pases un día.

Efectivamente, luego de muchos intentos, Tere logró pasar de nivel.

:D

Olvidadizo

Gaby escucha sin querer la conversación en una combi (No, no es la misma en la que iba el papá de Saúl).

—¿Ya le diste el abrazo a tu mamá? —pregunta un señor a su hijo como de siete años señalando a su esposa que viene sentada frente a él.

—¿Apoco hoy es su cumpleaños? —pregunta el chamaco sin despegar la vista del celular.

—¿Ves? Nadie se acuerda de mí… más en mi trabajo me felicitaron… pero ustedes… .—la madre se nota muy afligida y sus ojos comienzan a ponerse rojos.

—¡Mira papá! ¡Ya rompí mi récord!

Auch.

u.u

¿Gracioso?

Saúl y César están en la banqueta. De pronto a Saúl se le ocurre cruzar la carretera, sólo que no se da cuenta y Piiiiiiiiiiiiiiiiii Piiiiiiiiiiiiiiiii se oyen el claxon de un automóvil que casi lo atropella. Cuando Saúl mira al conductor descubre que ¡oh sorpresa! ¡Es el papá de Gaby!

Con razón ahora Gabriela entiende por qué su padre le dijo por la tarde:

—Casi mato a mi yerno…

o.O

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Sí, este es un post intermedio, ya saben, es tradicional narrar mis experiencias cuando cada mes está a punto de terminar. Pasado mañana no se pueden perder la continuación de la historia con Humberto… apuesto a que varios suspirarán jaja. Saludos :)

28 agosto, 2010

Intervención sandresca

—¿Y a ti quién te gusta? —me preguntó Sandra, una amiga que iba en el salón de Humberto. Era la hora del receso y estábamos sentadas cerca de la cancha de fútbol viendo cómo jugaban nuestros compañeros.

—¿Quién me gusta? Pues… —dije dudando por un momento si sería buena idea revelar mi pequeño secreto.

—Anda dime… y yo te digo quién me gusta… —insistió Sandra.

—Bueno… pues… me gusta el portero… —y señalé hacia Humberto. Sandra se llevó una mano a la boca, luego me miró incrédula y preguntó de nuevo:

—¿Humberto? ¿En serio?

—Sí… ¿por qué?

—No, por nada… pero ya sabes, tiene fama de ser un grosero y un peleonero… ¿en serio te gusta? ¿Aunque todos los días se agarre a golpes con alguien?

—Pues… sí… es mi amigo.

—Yo lo conozco desde chiquita, ya sabes, mi mamá y su mamá son amigas… si quieres le puedo insinuar que tú quieres con él…

—¡No cómo crees! Yo todavía no pienso en novios… (ajaaaaaa xD)

Sandra no insistió, me dio referencias del chico que le gustaba y luego regresamos a nuestros salones. Pero me dejó pensando, era cierto todo lo que ella había dicho. Humberto era el niño que todo lo resolvía a golpes… los maestros siempre lo regañaban, algunos niños hasta le tenían miedo… pensé en eso todo el resto del día… y descubrí que todas las peleas que yo le conocía estaban justificadas.

Una vez, por ejemplo, le pegó a un compañero porque éste le había quitado el desayuno a una niña de primer grado. Otra vez se agarró a golpes en la calle porque otros habían insultado a su mamá. Y no se me olvidaba aquella vez que le había pegado al sujeto que me tiró por las escaleras… sí… era un hecho… Humberto me gustaba.

La hora de la salida llegó pronto. Siempre me iba corriendo a mi casa porque llegaba a ver Sakura Card’s Captor. Pero ese día sacrifiqué la repetición del capítulo trece sólo para quedarme a platicar con Sandra… tal vez en el fondo… muuuuy en el fondo… yo ya pensaba en novios…

Pronto salió el otro grupo. Sandra me vio y antes de que yo le dijera alguna palabra ella se acercó a mí con una sonrisa en el rostro y me dijo emocionada:

—¡Le gustas a Humberto!

Le pedí que bajara la voz y entonces me contó con lujo de detalles cómo le había sacado la sopa. Al parecer sólo le había iniciado una plática acerca de mí y antes de que Humberto pudiera darse cuenta, él mismo se había delatado hablando maravillas de mi persona. Yo tenía una amplia sonrisa en el rostro, estaba completamente emocionada, eso de las mariposas en el estómago (frase trillada, pero cierta) se aplicó en mí… me desconecté del mundo… y entonces la voz de Sandra me regresó a la realidad.

—¿Entonces?

—¿Entonces qué?

—¿Cuándo quieres que se te declare?

—¡¿Qué?!

Continuará…