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Nuestro vecino es un perro

Lo supe el día en que desperté temprano y vi su mirada a través de la ventana, tenía los ojos fijos en mi persona, traté de no hacerle caso, quizá yo era la que veía mal, ¿quién asegura que en una distancia de 10 metros no confunda una las cosas? Sin embargo no se movió de su lugar, ¿acaso no tenía otra cosa que hacer? Rápidamente corrí las cortinas de mi habitación.

Pronto llegó la hora del desayuno, ya me había olvidado de su presencia, hasta que a la mitad de mi fruta con crema David dijo: “Alguien nos está observando”, Tere y yo volteamos mecánicamente, ahí estaba el vecino de nuevo, viéndonos comer… tenía una expresión extraña ¿acaso tenía hambre? Comenzamos a conjeturar situaciones, a lo mejor sufría maltrato familiar… a lo mejor era un solitario, no tenía amigos y al mirarnos a través de la ventana se sentía perteneciente a nuestra familia.

Pobre vecino, se veía tan triste… un día me di cuenta que cuando íbamos a la escuela él se metía a lo cálido de su hogar, llegué hasta tomarle cierto cariño, hasta ganas me dieron de tocar a su casa y saludarlo, “Hola soy Gaby ¿cómo estás?” pero la sola idea me pareció absurda. Demasiado absurda.

“Sólo te mira a ti Gaby” comenzó a molestar David. ¿Cómo rebatir su idea? Era verdad, por las noches antes de acostarme suelo mirar por la ventana para observar la prisa de la gente, su psicosis nocturna de algún asalto, y entonces reparé que ahí estaba de nuevo el vecino. ¿Cómo describirlo? No me quitaba los ojos de encima “Maldito vecino perro” pensé, lo miré fijamente, apliqué con él el juego de a ver quién parpadea primero. Era buen jugador, o igual ni estaba jugando, ya era de noche, ¿quién me asegura que todo fue una simple imaginación?

Traté de sacarme su imagen de la cabeza, corrí las cortinas de mi habitación y me dispuse a ir a dormir. El sueño ya me estaba agarrando cuando de pronto se comenzaron a escuchar sus ladridos, mugroso vecino, aparte de mirarme casi todo el día, por las noches no me dejaba descansar.

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