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Letricidio

Nadie cree en mis palabras. No es mi culpa que ellas sean unas falsas. Son unas niñas graciosas, se disfrazan con los restos de las frases que quedan en el aire. No es mi culpa que nadie crea en ellas. Se desplazan de la boca y se meten en los oídos del primero que las acepte. No soy una mentirosa, de eso estoy segura, es sólo que las palabras no saben nada de lo que intento decir, y a ellas les parece divertido salirse en forma de burbujas a conocer el mundo.

Al menos ya no me meten en problemas, porque hubo ocasiones en que tuve que pedir disculpas por algo que ellas habían ocasionado, me pregunto cómo pueden habitar tantas en mí, es mucho más fácil que engendrar hijos, yo engendro palabras. Las chiquitas aún no salen, y las que salen no regresan, pero hay unas que son viejas, viejísimas, y no se agotan, ni se cansan  y siempre dicen lo mismo, y nunca se verán decaer, y son esas las que me tienen así, con la intención de cortarles los acentos para que dejen de expresar mi dolor.

Por eso tomé una resolución, las tenía que ahogar a todas, a las flacas engordarlas y a las gordas hacerlas bajar de peso, a las mayúsculas minimizarlas, y a las minúsculas desaparecerlas, para que todo lo que se dijera de ahora en adelante no fuera más que una sola confusión. Aquí estaba el plan, yo comenzaría a hablar sola, era mejor si nadie me acompañaba, no quería ocasionar un infarto a quien viera la ejecución. Comenzaría primero a leer un poco de algún autor:

Te toco en la memoria y una luz cae mar abierto, eres fuerza irresistible que me atrae y voluntad que precipita cada uno de mis pasos…

Ahogar. Desgajar. Matar. Sin dejar de hablar vertí el contenido del vaso en mi garganta. No era gran cosa, sólo agua y vidrio pulverizado. Podía visualizarme a mí misma como una cámara de película enfocando la garganta. Ahí estaban las ilusas, sin saber qué hacer, revolviéndose unas con otras, tratando de emitir los sonidos, porque yo no quise dejar de hablar…

…si so el háio ue e asobe l pesameno  me oca n a meora naltrabe de recedo…

Sentí como se fueron diluyendo en el contenido del vaso… como se desmayaban en la garganta y eran jaladas por la corriente hasta el estómago, cómo por el camino unas trataban de asirse, cómo otras habían perdido la esperanza y habían perecido. Eso les pasaba por dejar al aire todo lo que pensaba, eso les pasaba por no decir lo que tenían en el momento adecuado, por guardarse cosas importantes y sacar a relucir otras que ya no tenían sentido. Palabras. Miles de palabras. Murieron. Y sólo rescaté las exactas para narrar lo sucedido.

 

P.D. Nunca haría eso, y tampoco ustedes lo hagan xD
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