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Mi libro libre

No es nada fácil dejar un libro en la calle. Gabriela se tardó demasiado en decidirse a soltarlo. Tomaba fotografías al azar y luego volvía a tomarlo de nuevo. El libro elegido fue La princesa que creía en los cuentos de hadas de Marcia Grad. Gabriela lo terminó de leer cuando tenía 12 años. Seis años después se atrevió a dejarlo en un puesto de papas y churritos. U.U

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Ese libro fue el elegido para formar parte de LIBRO LIBRE. No comparto aún con ustedes la foto donde lo dejé porque resulta que la enviaré por mail a los Habitantes de Moria, a ver si se apiadan de mí y me dan uno de los tres libros que regalarán.

Gabriela salió del departamento junto con Tere y César, fueron a Gran Sur. La idea original para dejar el libro era en Las Islas de C. U., pero por asuntos ajenos a la voluntad de estos chicos terminaron dejándolo en un puesto de papas y churritos.

—¿Me da unos churritos? —pidió Tere mientras Gaby se dedicaba a acomodar el libro sin que el sujeto que atendía se diera cuenta.

—Son 10 pesos.—dijo el chico.

—Sí, está bien.—respondió Tere, entonces Gaby trató de tomar la fotografía, ¿por qué rayos pasaba tanta gente? Por fin logró enfocar la cámara del celular. Una vez hecho eso recibieron los churritos, pagaron y se fueron…

Menos de cinco minutos después… cuando ya habían abordado la micro de regreso a metro C. U.

—¡Tere! ¡Abandonamos un libro! .—exclamó Gaby con la mirada triste.

Tere y César se limitaron a sonreír…

Ahora sólo espero que alguien lo encuentre y lo cuide… Me pareció ideal dejar ese libro porque su lectura es sencilla, el título me encanta, y la historia, si no es la más genial de todas las historias, al menos mantiene ese secreto de que mediante un cuento puedes aprender a superar tu propio yo.

¿Ustedes se atreverían a dejar un libro a la deriva? ¿Qué libro han leído por las meras casualidades del destino y les ha cambiado la vida?

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