Temazcal

—Ometeotl —digo cuando entro, luego camino hacia la izquierda y tomo mi lugar. Afuera llueve, pero aquí dentro está fresco y el repiqueteo de las gotas contra el tabique suelta un aroma rico a humedad. Los demás entran también y luego entonamos un canto, un canto de gracias a la madre tierra por permitirnos estar en su vientre.

Todo está oscuro. Tengo abiertos los ojos y es lo mismo que si los tuviera cerrados. Oigo mi respiración. Soy Abril, vengo de Coyotepec y hoy sólo deseo estar en paz conmigo y con mi familia, me oigo decir. Teahui, responden. Ya han metido las piedras rojas y han vertido el agua sobre ellas, el vapor asciende y calienta todo mi cuerpo, siento cómo se desplaza a través de mis vías respiratorias. La lluvia ya no se escucha, pero sigue cayendo.

Estoy dentro, escucho mi respiración, el aire caliente me recorre por completo.

Soy yo, aquí. La energía que soy se disuelve en el aire, se expande. Mis pensamientos son formas que puedo ver. Este presente ya no es, se ha ido, se convierte en el futuro que tampoco existe. Estoy, me voy, estoy, me voy. Una fracción. Mi energía puede extenderse también en el tiempo. De alguna forma me eternizo.

Froto mi cuerpo para deshacerme de todas las impurezas, ¿cuán sucia estaré? No solo corporalmente, sino mental y espiritualmente. ¿Cuántas injurias he dicho? ¿Cuánta soberbia se anida en mí? ¿Cuánto pesimismo? Siento que todo es una bola negra que tomo con mis manos y lanzo a las piedras calientes. Se quema mi desidia, mi desinterés. He quedado desnuda.

Me acuesto y siento la tierra fresca. ¿Cuántas cosas he olvidado? ¿Cuántos sueños siguen esperando por mí? ¿Cuántas amistades he perdido? Respiro lentamente perdiéndome en el calor. No oigo a los que me rodean, aunque es evidente que están ahí. Soy un ente, una parte más de este mundo natural que agoniza. Agoniza mi ser con toda la humanidad. Muero con lentitud y, también, revivo constantemente. ¿Soy la de ayer? ¿Soy la misma que vino al mundo hace ya veintidós años? No, claro que no. Veo mi existencia expandida en el tiempo, mi energía, la aprecio.

Han pasado dos horas, pero no se han sentido. Vuelvo a escuchar voces y mis pensamientos danzan alegres, tomando su lugar respectivo en mi cabeza. Mi piel está tersa y suave, me gusta. Un calor agradable me abraza el cuerpo cuando salgo a la noche lluviosa y fría. ¡Qué bello todo! ¡Qué alegría esta vida! Me cobijo y me siento plena. ¿Cuántos más han sentido esto? Tengo ganas de ir a todas partes y brindar este calor a los que no lo tienen, ya porque lo han perdido, ya porque nunca lo han encontrado.

temazcal3A

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