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Nausicaä del Valle del Viento en el México apocalíptico

No conozco a nadie que no ame las películas de Hayao Miyazaki. Yo puedo pasarme todo el día viéndolas, repitiéndolas, disfrutándolas. Hace poco vi Nausicaä del Valle del Viento y me gustó tanto que lloré largo rato, antes de que Vlash me consolara con uno de sus besos.

Nausicaä es una chica que entiende la relación que debe existir entre el hombre y la naturaleza. Un vínculo espiritual que brinda paz en el mundo. Nausicaä comprende los sentimientos y, a pesar del enojo que hay a su alrededor, ella no odia. ¡No odia! Es casi increíble porque hoy está de moda detestarnos los unos a los otros, detestar a los que se imponen sobre nosotros, a los que abusan, ¡al gobierno!

Por eso Nausicaä tocó mi parte más sensible, porque me sentí incapaz de ser como ella. Ella, en ese mundo postapocalíptico, lidiando con gobiernos opresores e ignorantes que sin ver el panorama real ponen en marcha proyectos que perjudican a todos, ella sobresale por su enorme amor a sí misma, a su pueblo, a la naturaleza. No guerrea contra los gobiernos que la oprimen, ¡todo lo contrario! Los salva, los cuida, los perdona. De pronto me sonó muy cristiano el asunto, pero no creo que sea nada malo. Más bien creo que es algo difícil de alcanzar.

Estoy leyendo las Confesiones de Agustín de Hipona y vaya que hace una gran reflexión sobre la enorme dificultad que representa el cumplir con las leyes divinas: Ama a tu enemigo, Pon la otra mejilla. ¿En verdad existen personas capaces de lograrlo? Bueno, Agustín lo logró. Estoy segura de hay más en este presente, aunque siempre vituperados porque la religión es la religión y nunca podrá “tomarse en serio”.

México está atravesando una etapa muy importante, la lucha de los maestros está siendo mediatizada con todo el peso y el poder de los más ricos. La desinformación se corre como pólvora y la información también trata de hacerle frente. Marchas, plantones, nada que no conozcamos en México. Con la diferencia de que esta vez el cambio es más grande, más perjudicial, más presente porque tenemos el internet. Las reformas aprobadas por este gobierno priísta son tan ojetes que sorprende que podamos seguir con el día a día, soñando con la grandeza, cuando nuestro alrededor está tan destruido.

Si Nausicaä existiera de verdad, ¿de qué forma actuaría? Hayao se retira del cine dejándonos joyas invaluables.

El otro día le dije a mi papá que tal vez México ya no existiría dentro de mil años. Él me dijo que bastaban cien, al paso que vamos. ¿Estamos presenciando la muerte definitiva de nuestro país? ¿La ambición de unos cuantos nos llevará a la perdición? Pagamos justos por pecadores, siguiendo con la onda religiosa. Pero entonces, ¿así debe ser? ¿De qué forma podemos ayudarnos?

Por lo pronto, difundiendo la verdad. Informando a nuestras familias. Estando atentos a los abusos cometidos. ¡Cumplir nuestros sueños! Porque si hacemos las cosas bien, siendo congruentes con nuestro ideal social y político, podremos tener mayor eco. Que así como hay mucha gente sumida en la ignorancia, alimentándose de la televisión, acostumbrándose a su miseria, también existimos los que sabemos que podemos ayudar despertando a los que duermen, los que anhelamos ser un poco Nausicaä.

No sé si se habían dado cuenta, pero ya estamos viviendo una lucha. No seamos espectadores. Participemos en la historia de México. Y vean Nausicaä del Valle del Viento si ya han perdido la fe en la humanidad.

Yo nunca. Yo jamás. Aunque a veces quiera debilitarse. Esa es la educación que me dieron mis padres, miembros del magisterio que hoy está luchando en contra de las “reformas” educativa, energética y laboral.

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