Ir al contenido principal

Comepalabras

Le dije a mi generala que no era que se me estuvieran olvidando las cosas, sino que me había atacado un comepalabras.

—Fue durante la batalla, mi capitán —le aseguré, rogando que al menos esa información lograra salir de mi cabeza. —Estaban por todas partes y seguramente uno se me metió por la oreja.

—Como sea —respondió ella. —Los de la facción oriente no saben que corremos peligro, será mejor darnos prisa a través de aquellos edificios.

Mi generala, Landa Galen, podía parecer una chiquilla que no sabía nada, pero definitivamente no era así. Su mirada feroz no daba espacio para el reproche, ella era la capitán, ella comandaba la expedición y todos la obedecíamos con gusto y con orgullo. Yo la defendería con mi vida.

—¿Qué otros efectos tienen los comepalabras? —me preguntó mientras corríamos a través de las calles estrechas, bajo los edificios que se tambaleaban débilmente por el estrago de la batalla, en cualquier momento caerían.

—Logran interceptar el habla y el acto de comunicación, sin que el humano se dé cuenta de ello, “comen” las palabras clave de un mensaje o comunicado.

—Como te ha pasado a ti. —reafirmó mi capitán, con gesto preocupado.

—Así es. —Yo tenía que haber enviado el mensaje a la facción oriente diciendo nuestra ubicación y que estábamos rodeados por mucho más enemigos de los que esperábamos, pero el comepalabras me había arrancado la información y en lugar de un mensaje de auxilio, envié uno sin comprensión alguna.

—Y luego, ¿qué te ocurrirá? —preguntó mi generala, tomando sus armas. La estructura del edificio tambaleante hizo un gruñido, señal de que no resistiría más. Tomé también mi arma. No moriríamos sepultados.

—Seguiré pensando y comprendiendo todo, pero no podé hablar, tampoco podré escribir. —Decirlo me sonaba lejano, maldito comepalabras.

—¿Tus manos dejarán de funcionar? —preguntó ella, dando saltos largos a través de una barda. Se escuchó una serie de disparos, ninguno nos tocó.

—¡No! —grité en medio del ruido, la seguía de cerca, su larga coleta se movía al compás rápido de su cuerpo. —Sólo ya no podré escribir.

—¡Qué interesante! —exclamó ella mientras se agachaba tras unos escombros, el edificio tambaleante se derrumbó y dejó una nube de polvo gruesa y pesada. Tosí hasta que no pude más, ella también. Pero nos habíamos alejado lo suficiente, no había peligro.

—Te decía, qué robot tan interesante ha creado la Compañía, ¿crees que podamos sacarlo de tu cuerpo? —ella seguía tan tranquila, los disparos volvieron a sonar y ella hizo funcionar su arma, una luz brillante salió de ella iluminando el campo destrozado.

—No lo sé.

—Lo intentaremos. Quiero comepalabras para la rebelión.

Quise decir “Sí, lo haremos mi generala”, pero ya no pude. Las palabras caían al vacío, de mi pensamiento iban al vacío. Me toqué la garganta, la lengua, quise expulsarlas, escupirlas. Se fueron al vacío, a través de mi tráquea, al estómago.

—¿Me escuchas? —preguntó ella con sus ojos grandes, brillantes y generosos. Le señalé la garganta, mis manos. —¿Tan pronto? No te preocupes, intentaremos sacarlo de tu cuerpo.

Asentí. Corrimos hasta que salimos de la zona negra de la ciudad, los disparos nos perseguían pero nunca pude ver a quienes los lanzaban. A lo lejos vimos el transporte de apoyo. Corrimos como nunca en toda nuestra vida y logramos huir.

Landa Galen informó de mi condición. Me examinaron. Me extirparon el robot, era tan diminuto que era comprensible que no lo hubiera sentido cuando ingresó a mi organismo. Lo estudiaron y duplicaron.

Hoy los vamos a soltar en la zona negra. Los enemigos se volverán locos, hemos mejorado los comepalabras, porque ya no sólo comen palabras, sino también: pensamientos.

microrobot

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

10 canciones de ColdPlay que rigen una historia de amor I

*Se recomienda poner play a los videos para hallar el sentido de la historia. (: [verídica por cierto]Yellow—¿Conoces a Coldplay? —pregunta C con el disco blanco A Rush of Blood to the Head entre sus manos.—Nunca los he oído.—confieso.—Pues… tienen una canción muy padre que se llama Yellow, no es de este disco, pero está muy padre.—C se sonroja.—¿En serio? ¿Y qué dice la canción?—Dice lo que yo pienso de ti todos los días. Shiver—Gaby, ¿hasta cuándo me vas a hablar?—…—Te juro que he cambiado.—…—¿No me quieres creer? Pues entonces a ver si le crees a él.Y me dejó la canción. Sparks—¿Ya me vas a perdonar?—No lo sé…—Mírame —dijo C poniendo sus ojos frente a los míos. —Sé que tú me quieres.—Eso no lo puedes saber.—Claro que sí, vi chispas en tus ojos.—¿Chispas? Estás loco…—Por ti… Green eyesSaqué mi cuaderno de Español y C lo tomó sin permiso.—¿Por qué pusiste esta canción en la libreta?—Me gusta ColdPlay—Antes ni los conocías.—Lo sé… pero ya pasaron dos años, los conozco perfectamente.—Esta…

10 canciones de ColdPlay que rigen una historia de amor II

Trouble—¿Te sientes bien? —pregunté tratando de no sonar preocupada.—No, no me siento bien. —dijo C desviando la mirada.—Puedes confiar en mí, dime qué te pasa.—La verdad me siento horrible, he cometido demasiados errores.—A todos nos pasa.—Nunca quise hacerte daño, en serio… eres lo más importante para mí.—Deja de pensar en eso… estoy consciente de que no fue tu intención.—¿Todavía estás enojada conmigo?—Si lo estuviera ¿te estaría hablando? Fix you—Ahora ¿qué te sucede a ti? —me preguntó C poniendo sus ojos frente a los míos.—Nada, vete… —respondí de mala gana… ¿cómo decirle que estaba así por él?—¿No me vas a decir? ¿Me obligas a contarte mis cosas y no me quieres contar las tuyas?—No me sucede nada…—Déjame consolarte…—¡No! ¡Ya déjame en paz!—Espera… sólo escucha esta canción conmigo… —tomó su discman y colocó en mi oído un auricular, mientras él tenía el otro… The scientist—Gaby… ¿de verdad este es el final?—¿A qué te refieres? —¿Jamás volveremos a estar juntos? ¿Quieres eso? ¿Quie…

Viaje al centro de la tierra

Yo soy la mano de Axel. Sí, de ese Axel temeroso que no quiere aventurarse al centro de la tierra. Yo soy sus dedos repasando el manuscrito. Sus ideas queriendo irse de su cabeza. Soy su desesperación por quedarse enterrado a cientos de leguas debajo de la tierra. Rayos, el sol da de lleno en mi cara, las neuronas me jalaron del granito del túnel subterráneo para llevarme al asiento trasero del automóvil de mi padre.Ya no había leído. Ahora las letras me piden incesantes que las pase por mis ojos antes de cerrar el libro. Despido a mi jardín con una mirada, recuesto mi cabeza lo mejor posible y continuo leyendo, dejo que las palabras se adueñen de mi cabeza. De nuevo soy Axel. Soy los ojos de Axel, aquellos que miran cosas inexplicables debajo de este suelo que piso a diario. Oigo perfectamente cuando el tío Lidenbrock marca la cifra del barómetro, ya casi llegamos a las 30 leguas debajo del suelo. Me asfixio.—Los profesores de hoy en día no saben enseñar.—oigo sin mucho ánimo cuando …