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CUANDO INVADE TU RECUERDO

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“…es el destino me lleva hasta el final, donde algún día mi amor te encontrará…”

Duele, duele el alma, el pecho, la cabeza, el corazón, los pensamientos, el aire, el tiempo, la distancia, los miedos, las ilusiones, las expectativas, la espera, tus manos, las mías, duele tu mirada y la nariz, el olor de nuestros cuerpos… el vacío, la soledad, la lejanía…

Duelen las palabras dichas, y las que esperan salir de nuestras bocas nos queman el paladar, duele estar así… pensando en ti, en lo que pasó, en lo que viste, en lo que no pasó, en lo que no viste… duele pensar en el destino, en saber si existe.

Dolor. Simple y estúpido dolor que nos consume desde hace años, que me consume a mí desde que te perdí, desde que me ganó el orgullo, que vive conmigo sin que yo me dé cuenta y que cuando surge de lo inhóspito me hace llorar. Las lágrimas ruedan… queman… sienten los latidos pausados… caen… mojan… lloran conmigo.

“…no tengo por qué cederte, yo sin ti ya no siento nada, rómpeme en cachitos bajo la almohada, amarte duele, amarte duele…”

Pensé que los deseos de las pestañas eran un sueño infantil y creí que la luna no me escuchaba, me dan miedo las pesadillas que tengo a veces pero amo soñar contigo. Amo todo lo que tenga que ver contigo. Tú eres todo. Todo. Todo.

Hoy nos encontramos por azares del destino, de tu destino predestinado, nos encontramos en medio del tiempo, tu tiempo y el mío se mezclaron… respiramos el mismo aire por algunos minutos, mantuvimos una plática… reíste, reí, recordaste, recordé… me dieron ganas de abrazarte y a ti de decirme algo, algo que callaste por lo estúpido que iba a sonar o porque te dio miedo o porque no era el momento o porque era tarde, o porque sentiste de pronto que el tiempo se devoraba la distancia. Eso sentí cuando te fuiste, el asco de la distancia, de alejarme de tus ojos, de tu boca, de tu cuerpo, de todo tú, de todo tú que no sé quién eres pero que amo, que amo con toda la fuerza con la que puede amar una chica como yo.

Te sorprendiste cuando me viste… yo lo sé… así como sé todo sin saber por qué, así como adivino las muertes, como sé las respuestas de los exámenes, así como tengo la razón de desvelarme esta noche sólo para hablar de ti. No te hablé de mi presente porque no quería regresar a lo mismo… perder la esperanza… vivir sin ti por mis culpas… vivir sin ti por tus indecisiones.

Admítelo, te dio gusto verme, le dio gusto verme, a él le dio gusto verme, al que se esconde detrás de tus cabellos lacios, de tus ojos negros… cafés… blancos… como el universo entero, admítelo, mírate al espejo y fíjate que el otro está sonriendo, al que vive contigo por miedo a vivir sin mi recuerdo… al que te ve, te reprocha, te atormenta, te hace pensarme cuando hace frío y cuando es abril.

¿Llamarás? No, tú no eres así, tú eres de lo que dejan que el destino los construya, me abandonas en el destino, no sé si esté bien, pero a veces el destino se convierte en ramas que crecen en distinta dirección, nos perdemos por meses, por años… y el reencuentro duele. Duele mucho.

Hoy lo supimos, tu maldita frase se vuelve realidad, no sé hasta cuándo, pero sé que esta no fue la última vez… sé que habrá una última vez… todo termina, nada es eterno, aunque mi amor hacia ti haya sobrevivido a la distancia, se asfixia, lo asfixias, me asfixio, pero tu aire me dio más vida… verdadera felicidad.

Sigo escribiendo sobre ti, en que te despediste dando un prolongado suspiro, en que me sorprendí muchísimo cuando oí el aire exhalado por ti… no me lo esperaba, jamás lo imaginé, jamás pensé que tú pensaras en mí… lo sé… lo sabía… lo dudaba… los miedos que me tragaban… las distancias enormes… todo raro, todo lindo, todo estúpido, todo con ganas de llorar, de aventar las cosas, de leer de ti en los años anteriores, de escuchar canciones de dolidos, de olvidar, de escaparme contigo por ahí, en el tiempo que nos separa, en los kilómetros que no son muchos, en los números que podemos marcar y no hacemos… en todo, todo de ti… por ti.

Todo tú. Todo lo que soy yo por ti, en mi deseo de escribir sólo para que me leas, de ir a Grecia solamente para que el Oráculo de Delfos me diga lo que ya sé, de que te amo, de que te amé, nos amamos, nos quisimos, nos odiamos, nos olvidamos, nos volvimos a encontrar.

Tu nombre, tu nombre que hoy pronuncié con fuerza y claridad que te erizó los vellitos de atrás de tu nuca, tú que te fuiste tratando de no voltear por miedo a toparte con mi rostro expresivo… lleno de vida, tú que después de algunos segundos te quitaste la gorra para mover la cabeza con fuerza, de sacarme de tu mente, de reírte de lo tonto de la situación, del circo que hago siempre, de saber que no te he dejado de amar. Tú maldito, amado, deseado, tú en la distancia, en el tiempo, en los sueños, la irrealidad, las poesías y los cuentos. Tú en todo, en el llanto, tú en el deseo de la pestaña, en la plática con la luna, tú en mis sueños proféticos.

Tú maldito seas… con tus ojos que tanto amo… con todo lo que te quiero… sé que estás en algún sitio por tu casa o por el centro, en tu escuela, con tus amigos, con tus novias, tu música, tus sueños, tus dedos, tus cabellos, tú que existes, que vives, que respiras, que estás, que a veces te acuerdas de mí, tú que ya no sabes nada de nosotros, yo que espero, yo que no sé que espero…

“…hay veces que no dejo de soñarte, de acariciarte hasta que ya no pueda, hay veces que quisiera morir contigo y olvidarme de toda materia pero no me atrevo…”

Y es que cuando me invade tu recuerdo… no me queda más que sonreír, que idealizar, a veces en verdad se comprueba lo que dice la canción…

“… a pesar de que dicen que los años son sabios todavía se siente el dolor…”

Así que sólo me queda imaginar que susurras…

“…ya no pienses más en nuestro pasado, hagamos que choquen nuestras copas por habernos encontrado…”

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