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Juguemos a regresar

Juguemos a que existe una máquina del tiempo. ¿quieres entrar conmigo y volver a ese momento justo es que cometimos todos esos errores de los cuales hoy nos arrepentimos? Bueno, no me quedaré a escuchar tu respuesta, sólo basta empujarte con mi meñique y doblar tu rodilla con la mía. Jaja, ¡has entrado!

¿Qué fecha te gustaría? Hmm… veamos… ¿Febrero de hace cinco años? No, ya es una fecha vieja, y el día, aunque triste, es memorable. Piensa. ¿Dices marzo del año pasado? Pero esa es una fecha reciente y los estragos aún podemos arreglarlos. Debe haber una intermedia. Una que nos duela. Una que necesitemos cambiar para que todo esté en paz. Piensa. Yo sé que sabes a qué día me refiero…

Bueno, de todas maneras no me importa tu consentimiento. Iremos a ese día. Deja de jalar mi manga para que no presione el botón. Y deja de decirme “Olvídalo”. Cosas como esas no se olvidan tan fácil. No te preocupes, la verdad no tengo ni idea de cómo funciona la máquina pero me alegra que al que la construyó se le haya ocurrido poner una ventana. Mira… así pasa el tiempo cuando tú lo recorres, por lo general el tiempo es el que nos recorre a nosotros. Nos va dejando marquitas. ¿Podremos dejarle alguna?

Deja de regañarme si saco los dedos. Sólo quiero sentir el tiempo. Es suave y pastoso. Y huele a vino añejo. No vayamos a embriagarnos y quedarnos en la máquina por siempre. Puedo hacerte cosas… y la verdad es que no quiero. Ya se está deteniendo. Ya estoy viendo mi casa y la tuya. Y la escuela. Y esos capulines a donde íbamos a matar clase. También veo las calles donde competíamos con la bicicleta, ¿te acuerdas?

Baja, anda, deja de ser un miedoso. Sólo nos veremos las caras. Sólo nos miraremos a nosotros mismos de hace tres años. Aún somos jóvenes. No hay cambios físicos drásticos. Bueno, quizás tú eres más alto. Yo sigo exactamente igual. Pisa este suelo que siempre hemos pisado sin disfrutarlo. Respira este aire que debimos disfrutar en su momento. Los aires cambian. Nunca son los mismos… como las aguas del río.

¡Ya nos vi! ¡Ahí estamos! Fíjate, tú estás con ella… yo me estoy acercando. Ya casi va a ser el momento… Pero ¿qué pasa? ¡Ella ya vio que yo me acerco! Tú te estás despidiendo… pero… justo cuando volteo hacia ustedes ella jala tu rostro y ¡te besa! ¡Oye! Así no sucedieron las cosas, tú fuiste quien la besó. No ella a ti. ¿Qué razones tendría ella para hacerlo?

—Te dije que había sido ella.

—No es cierto, jamás lo dijiste.

—Claro que sí, pero nunca quisiste creerme…

—O sea que… o sea que… ¿te dejé sólo porque creí fervientemente en ella?

—No importa… regresemos al presente, sigamos la vida…

—Pero… ¿te das cuenta? Todo pudo haber cambiado… estaríamos juntos…

—Esto es el pasado… regresemos.

Y ahora me tomas de la mano. Ahora tú eres el que me empuja con el meñique y choca su rodilla con la mía. Ahora eres tú quien presiona el botón. Y eres tú el que saca los dedos para sentir la textura del tiempo. Y ahora soy yo la que tiene miedo y la que no quiere salir de la máquina. Y la que no dice nada, la que te mira fijamente sin entender tus acciones. Ahora eres tú el que me pide que baje…. y yo me aterro…. porque volvemos al presente… y debemos seguir…

—Te dije que no debíamos jugar a eso.

Y por primera vez… creo que tienes razón.

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