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La persona de las sonrisas

La calle se ve más ancha de día. La luz ilumina perfectamente todos los recovecos y puedo mirar fijamente los pequeños detalles. Ahí la basura de un gansito que alguna persona dejó a propósito sobre la banqueta. Por allá las corcholatas de las cervezas que se bebieron por la noche. Mañana a esta hora habrá más, juega México contra Francia.  Y las expectativas son que el tricolor se lleve la victoria. Así que supongo que habrá más de diez hombres bebiendo cerveza para celebrar.

Sigo caminando, no sé cómo no se me ocurrió traer dinero para la combi. Se me hizo fácil. Coyotepec es un pueblo pequeño, lo recorres caminando de norte a sur en cuarenta minutos. Además me gusta caminar. Puedo observar con claridad que todo sigue tan igual aunque es sumamente distinto…

Y de pronto, ahí está, ella. Es mi prima. La veo de lejos. Es inevitable no encontrarse al menos a una persona en un recorrido de dos kilómetros, esta vez me la encuentro a ella. Evito saludarla, no sé por qué, quizás porque llevo algo de prisa y ella también. Lleva su bolsa de mandado, no quiero interferir en su plan del día. Entonces ella se detiene, le ha hablado una vecina, yo paso del otro lado de la calle, pero eso no me prohíbe escuchar la conversación.

Hablan de cosas de amas de casa, que si será bueno hacer pollo en vez de carne en chile verde. Mi prima le contesta animada. Ella es animada. Aún es joven, todavía no llega a los cuarenta y ya tiene dos hijos. Sigo caminando, pero a la vez pienso que es bueno que exista gente tan alegre… las personas que siempre ofrecen una sonrisa sincera hacen más pasaderos los problemas.

Ella, pienso, es el pilar de su familia, es necesario que haya una persona alegre en una casa, sino ¿cómo afrontarán todo? En las casas donde no hay gente sonriente las situaciones se ponen difíciles, en mi casa ¿quién es la persona de las sonrisas? Pensaba en eso, yo pensaba en eso mientras me alejaba de mi prima. La dejé platicando con la vecina. Ella no notó mi presencia…

Quizás, si hubiera sabido que su hijo mayor de 15 años se iba a suicidar tan sólo ocho horas después de haberla visto, le habría hablado. Me habría cruzado la calle. Habría estado con ella algunos minutos. Me habría hablado con su soltura de siempre. Sonreiríamos ambas y ella me pasaría su receta del pollo en chile verde. La habría hecho recordar buenos tiempos. Y ella tal vez los recordaría con tanta alegría que cuando llegara del mandado buscaría a sus hijos para contarles algo gracioso y tal vez, por alguna cuestión inexplicable, todo cambiaría…

Pero seguí caminando… seguí pensando en quién era la persona de las sonrisas en mi casa… y dejé a mi prima con su sonrisa de siempre…

Ahora es demasiado tarde. Todo ha sucedido. Ella no volverá a ser como antes, nunca más. La sonrisa y la soltura que yo había observado como naturales se han esfumado por completo. No sé qué pensar. Todo es tan triste. México entero celebra un triunfo por haber derrotado a Francia… pero mi prima no volverá a sonreír… y así ¿cómo superará su familia este dolor inmenso?

Luego descubrí que, afortunadamente, en mi casa todos somos las personas de las sonrisas. Espero que lo mismo sea en la casa de ella.

DEP Ricardo. u.u

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