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Época zombie

Se decía muy capaz de usar la pistola, el hacha, lo que fuera; pero ahora veo que es un chico flacucho y cobarde, como todos aquí.

—¿Cómo pudiste creer que los videojuegos iban a darte algún tipo de entrenamiento? —le susurré con una sonrisa, mientras lo acurrucaba entre mis brazos.

—Cállate, señorita es imposible que los zombies existan.

Desde luego que nunca creí que existirían, pero cuando vi a mis vecinos erguirse sanguinolentos hacia nosotros, no me quedó la menor duda.

—¿Nos iremos sin doña Bety? —me preguntó mirando la casa de enfrente, donde vivía nuestra corpulenta vecina.

—Creo que es mejor que la dejemos, no ha de ser fácil matar a los propios hijos.

—Qué bueno que nuestros padres murieron antes.

Asentí con tristeza, pero con alivio. Doña Bety había matado a sus hijos con la misma destreza con la que destazaba a los puercos. La cabeza del más chico había ido a dar hasta la mitad de la calle. Luego se soltó a llorar con toda esa masa de cuerpo que la acompañaba. Quise poner una mano en su hombro, pero me miró con fiereza. Después nos dijo que nos fuéramos. Así que pensamos hacerle caso. Los fantasmas de nuestros padres debían acompañarnos, no en balde los había visto desde que era pequeña.

—¿Crees que aquella película sea una especie de profecía? —preguntó mi hermano con cierta preocupación.

—¿Cuál de todas?

—La que decía que México sería zona perdida, todos seríamos zombies.

—¿Sabes? Creo que los mexicanos serán los únicos que podrán adecuarse a esta nueva forma de vida. Ya antes vivíamos muertos.

—Cierto —él me dio la razón, pero sabía que tenía miedo.

¿Quién no? Con toda esta avalancha de sucesos quedaba claro que la valentía había quedado sepultada y luchaba por revivir. Lo malo es que ni cuando Peña Nieto fue infectado sentimos alivio, las últimas noticias decían que el del copete había recibido el golpe de gracia por uno de sus más allegados. Era curioso enterarse de gente famosa que ya estaba tres metros bajo el suelo o vagabundeando con ansias de muerte, mientras que nosotros seguíamos bien.

Pronto mi hermano cayó dormido. Ideé un plan para seguir el camino hasta casa de mis abuelos. Mi abuela había echado una especie de conjuro alrededor del terreno, ni un solo zombie se había atrevido a cruzar la línea. Siempre me decían que ella era bruja, pero tampoco había querido creerlo, ¿cuántas cosas más he pasado por alto? Decidí dormir por el momento, ya me preocuparía por eso al día siguiente.

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