Ir al contenido principal

El vaso que sobrevivió

DSC00951

Ése fue el día más crucial de su corta existencia. Reluciente fue depositado en el porta trastes, miraba en silencio las manos que se movían rápidamente tallando tenedores, cucharas y recipientes, nada lo atraía más que el momento en que las manos se acercaban al lavabo y en un dos por tres ya tenían todo limpio.

Observó sigilosamente la cocina, ése lugar extraño al que se había mudado hace casi dos meses junto con todos los demás, vio la mesita en el centro con algunas migajas del resto de la comida, observó a los tres raros sujetos platicando en ese idioma extraño de los humanos, no era tan feo ser un vaso de vidrio, sólo tenía que cumplir su papel, no moverse, no caerse, estar limpio y rozar los labios de esos extraños de vez en cuando.

Él era un vaso orgulloso, no era como las cucharas chismosas que murmuraban cada vez que el joven las tomaba para las comidas, ni era como los tenedores que se reían de los gestos de los humanos, tampoco se podía comparar con los vasos de colores y de plástico, ellos eran unos chamacos tremendos a quienes usaban para tomar leche. No, él junto con sus tres hermanos, era un vaso especial, sólo era usado en contadas ocasiones, cuando iban invitados o en las comidas en donde se bebía agua de limón o jugo de naranja.

Ese día los humanos hacían mucho estruendo como era su costumbre, él miraba pasivamente, le estaba molestando que las cucharas cuchichearan cada vez más, le dieron ganas de decirles algo para que se callaran, pero el cuchillo se le adelantó:

-Oigan ustedes, ¿por qué tanto estruendo?

-Observen, el joven hace malabares con los limones. –contestaron las cucharas al unísono.

Todos voltearon instintivamente, frente a ellos uno de los tres humanos lanzaba limones al aire y los agarraba antes de que llegaran al piso, las dos chicas que estaban con él reían. El vaso torció una mueca y se movió un ápice de su sitio.

-¡Vean! ¡Ahora toma los vasos! –gritaron las cucharas.

Y entonces el vaso ni siquiera tuvo tiempo de protestar y volver a colocarse en su sitio, una mano lo levantaba junto con sus hermanos, le dio vértigo despegarse del porta trastes, miró a su alrededor, las cucharas lo miraban asombradas, los cuchillos emitían leves sonidos, él era el centro de atención, hasta las servilletas y la catsup lo miraban.

Y entonces… vio como sus hermanos iban al aire y regresaban a la mano del chico, pero él cuando se elevó y pudo observar por vez primera desde otra perspectiva la forma de la cocina, no regresó a las manos del chico, los dedos se resbalaron por su vidrio reluciente, sólo alcanzó a oír un grito humano, algo parecido a:

-¡David nooooooooo!

Pero era demasiado tarde… el vaso cayó al piso… sintió el choque de su delicado vidrio con la dureza de la loza blanca… no sabía por qué razón, él, vaso, tenía que haber caído desde esa altura… se dio cuenta de que era un vaso, un vaso de vidrio… ¡y que no estaba roto! Pronto las manos lo alcanzaron cuando rodó hasta el garrafón de agua. Lo mantuvieron sano y salvo por algunos segundos mientras oía las casi inteligibles palabras humanas.

-¡Estuvo a punto! ¡No inventes David!

-¡Sobrevivió a esa caída!

Cuando fue depositado de nuevo en el porta trastes por una de las chicas las cucharas lo quedaron viendo, los tenedores, los cuchillos, los cerillos y hasta la cazuela de la comida, sus tres hermanos le dieron miradas de afecto, él, cuya vida casi no tiene sentido para nadie, había sobrevivido. Él era el vaso que sobrevivió.

8 comentarios

Entradas populares de este blog

10 canciones de ColdPlay que rigen una historia de amor I

*Se recomienda poner play a los videos para hallar el sentido de la historia. (: [verídica por cierto]Yellow—¿Conoces a Coldplay? —pregunta C con el disco blanco A Rush of Blood to the Head entre sus manos.—Nunca los he oído.—confieso.—Pues… tienen una canción muy padre que se llama Yellow, no es de este disco, pero está muy padre.—C se sonroja.—¿En serio? ¿Y qué dice la canción?—Dice lo que yo pienso de ti todos los días. Shiver—Gaby, ¿hasta cuándo me vas a hablar?—…—Te juro que he cambiado.—…—¿No me quieres creer? Pues entonces a ver si le crees a él.Y me dejó la canción. Sparks—¿Ya me vas a perdonar?—No lo sé…—Mírame —dijo C poniendo sus ojos frente a los míos. —Sé que tú me quieres.—Eso no lo puedes saber.—Claro que sí, vi chispas en tus ojos.—¿Chispas? Estás loco…—Por ti… Green eyesSaqué mi cuaderno de Español y C lo tomó sin permiso.—¿Por qué pusiste esta canción en la libreta?—Me gusta ColdPlay—Antes ni los conocías.—Lo sé… pero ya pasaron dos años, los conozco perfectamente.—Esta…

10 canciones de ColdPlay que rigen una historia de amor II

Trouble—¿Te sientes bien? —pregunté tratando de no sonar preocupada.—No, no me siento bien. —dijo C desviando la mirada.—Puedes confiar en mí, dime qué te pasa.—La verdad me siento horrible, he cometido demasiados errores.—A todos nos pasa.—Nunca quise hacerte daño, en serio… eres lo más importante para mí.—Deja de pensar en eso… estoy consciente de que no fue tu intención.—¿Todavía estás enojada conmigo?—Si lo estuviera ¿te estaría hablando? Fix you—Ahora ¿qué te sucede a ti? —me preguntó C poniendo sus ojos frente a los míos.—Nada, vete… —respondí de mala gana… ¿cómo decirle que estaba así por él?—¿No me vas a decir? ¿Me obligas a contarte mis cosas y no me quieres contar las tuyas?—No me sucede nada…—Déjame consolarte…—¡No! ¡Ya déjame en paz!—Espera… sólo escucha esta canción conmigo… —tomó su discman y colocó en mi oído un auricular, mientras él tenía el otro… The scientist—Gaby… ¿de verdad este es el final?—¿A qué te refieres? —¿Jamás volveremos a estar juntos? ¿Quieres eso? ¿Quie…

Viaje al centro de la tierra

Yo soy la mano de Axel. Sí, de ese Axel temeroso que no quiere aventurarse al centro de la tierra. Yo soy sus dedos repasando el manuscrito. Sus ideas queriendo irse de su cabeza. Soy su desesperación por quedarse enterrado a cientos de leguas debajo de la tierra. Rayos, el sol da de lleno en mi cara, las neuronas me jalaron del granito del túnel subterráneo para llevarme al asiento trasero del automóvil de mi padre.Ya no había leído. Ahora las letras me piden incesantes que las pase por mis ojos antes de cerrar el libro. Despido a mi jardín con una mirada, recuesto mi cabeza lo mejor posible y continuo leyendo, dejo que las palabras se adueñen de mi cabeza. De nuevo soy Axel. Soy los ojos de Axel, aquellos que miran cosas inexplicables debajo de este suelo que piso a diario. Oigo perfectamente cuando el tío Lidenbrock marca la cifra del barómetro, ya casi llegamos a las 30 leguas debajo del suelo. Me asfixio.—Los profesores de hoy en día no saben enseñar.—oigo sin mucho ánimo cuando …