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Método paraguas

Nublado.

Doña Meche tomó su enorme chamarra azul marino, se puso sus zapatos tipo tanque, su pantalón de tela impermeable, agarró su paraguas enorme y puntiagudo y salió conforme de su casa. No le agradaban esos días, el metro iba peor que los caracoles, el tráfico era horrible, en los camiones se encerraba un calor apestoso y la gente solía estar más desesperada, con el calor al menos se abochornan y duermen, pero con frío todos quieren hablar.

Cuando llegó al pumabús y vio la línea 5 casi llena se apresuró, tenía que estar dentro de los barandales azules si quería garantizarse un lugar, como estaba chispeando seguramente todos preferirían usar taxi, y, como al parecer era día de que el pumabús tardaba eternidades, muchos de los que estaban delante de ella preferirían salir de la fila.

Así que en el transcurso de unos diez minutos avanzó cuatro lugares, suficientes para saber que se iría en el próximo transporte. Quedó justo en frente de una niña, parecía muy pequeña para ir a la Universidad, pero alcanzó a oír un fragmento de su plática:

-Yo no estudié para Historia, ¿tú sí?

Se quedó sorprendida, esa niña no parecía tener más de 15 años, y ya iba en la Universidad, recordó sus propios años mozos, ¿se veía tan chiquita como ella? tal vez sí. El pumabús tardó mucho como de costumbre, entonces se dio cuenta de que era hora de aplicar su segunda parte del plan, lograr alcanzar asiento. Abrió su paraguas fuera de los barandales, pronto comenzó a mojarse, pensaba feliz en la aplicación de su plan cuando notó los ojos de la niña sobre ella. Rápidamente se apresuró a borrar su sonrisa y adoptó una postura seria.

Subió al pumabús detrás de la chica, entonces oyó:

-Gaby, siéntate aquí. –un joven se levantó de su asiento y se lo cedió a la niña.

¿Cómo era eso posible? Ella ya andaba rondando en los 55 ¡y no le habían dado el asiento! Tenía que aplicar en definitiva su plan, observó a la niña que se hallaba felizmente sentada, seguía pensando que era una escolar de secundaria, la chica obvio advirtió su mirada pesada, pero a doña Meche le sorprendió que le sonriera. Aún así ella era la víctima elegida.

Se acercó a ella, puso el paraguas boca abajo justo arribita de los pies de la chica y pronto notó felizmente que el pantalón de Gaby comenzaba a mojarse con las gotas que escurrían de la sombrilla. La niña hizo un gesto de sorpresa e hizo alguna cara a sus amigos, luego doña Meche notó satisfactoriamente que la chica intentaba decirle algo…

-Disculpe… –se oyó su vocecita. –Disculpe…

Doña Meche adquirió un rostro severo y le respondió:

-¿Qué?

-Es que… me está mojando con su paraguas… –la cara de la niña casi la hacía explotar de la risa, ¿qué tipo de chica era?, ¿qué tipo de niña pone una cara exagerada de tristeza y no deja de unir sus dedos índices de cada mano como si fuera caricatura? Aún así doña Meche se impuso y con la voz más severa que pudo le dijo:

-Pues no sé qué quieres que haga

La chica sonrió y le contestó con tranquilidad:

-Le tengo dos sugerencias, una: que pase su paraguas a la otra mano o la otra: que se siente donde estoy yo.

Doña Meche se quedó atónita. ¿Acaso Gaby sabía cuál era su plan? La chica se levantó tranquilamente del asiento y se lo cedió… doña Meche se sentó avergonzada.

-Gracias.

-De nada… el método paraguas funcionó conmigo. –susurró Gaby.

Doña Meche pareció no escuchar y sin querer le preguntó:

-Disculpa, ¿cuántos años tienes?

-18

Efectivamente, esa niña iba ya en la Universidad.

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